Querer y tener, ilusión e ilusionismo
Charolito ya tiene listo el hatillo. Lo hizo anoche y apenas lleva unas mudas y unas camisas. A estas horas espera la llegada del convoy en el que va a ser empaquetado como si de una papelera de proclamas y profecías se tratase. Le llevarán por convites, insinuaciones y propuestas, y le traerán atiborrado de retos y compromisos. Lleva semanas siendo entrenado sí o sí (amaestrado, casi) para ello, y él mismo lleva días y más días preparándose a conciencia con una dieta a base de sobrasada y orujo blanco.
Le meten de campaña. Le embuten sería más preciso. Y lo hacen con más obcecación que ímpetu porque unos quieren comerse todo el chuletón y que no se lo choren como no dudan que les hicieron otras veces, y otros quieren conservar el suyo al grito de que si es nuestro es de todos mientras que aquellos se lo papearán solitos. Y el chuletón debe de ser la rehostia y la madre de todos los chuletones porque unos y otros le echan una épica del copón para hablar de él diciendo que nunca antes jamás (excepto aquella vez) se puso en juego un chuletón tan determinante e importante…, vamos que pareciera que es el único chuletón que queda en la galaxia entera.
Tan epopéyico panorama más que producirle angustia le hace temer que pueda terminar sintiéndose como aquellos polacos que eran conducidos a donde el trabajo les haría libres. Claro, que allí no había chuletones y si los había bien sabido es por todos quiénes se los zamparían. No es el caso ni lo será, pero no es menos cierto que lo que hay en juego (y ojo que es mencionar la palabra “juego” y la crisis da un respingo para tragársela sin masticar) es cómo sobrevivir a la debacle social que quedará entre los escombros y los rescoldos de la devastación económica.
Tan es así, que abstrayéndose lo indecible, incluso usando la lobotomización si es preciso, y desbrozando a bocados y dentelladas la selva de insinuaciones y propuestas, proclamas y profecías, y retos y compromisos…; lo que se ve es, a un lado un enorme cartel de sugerente neón que palpita “se vende, se vende”, y al otro una cuartillita de papel cebolla (por lo de las lágrimas, será) en la que se ha escrito mil veces, como si de un correctivo colegial se tratase, el verbo querer cuando el que debería conjugarse, un millón de veces o más, es el verbo tener, y casi en su acepción mantener (porque conservar, en este lance, suena carca) .
Esas cosas piensa Charolito mientras aguarda la llegada del convoy con el hatillo al hombro. Cuando anoche lo estaba haciendo, una idea le saltó de los labios a los dedos y la escribió: “no me des alivio, dame ilusión. Y hazlo ya porque está atiborrándose de ilusionismo el ambiente”.
A cuidarse!!













