El once
La grada era un clamor permanente y desde hacía meses no paraba de encadenar insultos y descalificaciones de grueso calibre al punto de recitarlas de carrerilla sin que eso alterase en absoluto su capacidad para estar haciendo al mismo tiempo otras y varias cosas. La afición también hacía tiempo que no dejaba de dar manotazos para no ahogarse en una espesa mezcla de acogotamiento, vergüenza y carencia total de argumentos. Urgía un golpe de efecto y un golpe de timón, urgía más incluso que el respirar o el comer y el beber; era imprescindible y vital porque no es que se tratara de ganar la champions (objetivo cada vez más travestido de utopía) sino de no descender a la segunda división consumándose así un estruendoso descalabro. Había que hacer algo, era más que obligatorio, y se hizo.
El entrenador, que compatibiliza ese cargo con el de delantero centro (hace tiempo sin olfato de gol), desempolvó la pizarrilla y a golpe de tiza (por si había que borrar) diseñó la nueva alineación.
En la portería mantuvo a quien ya se había especializado en recibir balonazos, encajar pepinazos y despejar cañonazos. Sí es cierto que aún le faltan reflejos para cubrir del todo las escuadras y que por alto deja bastante que desear, pero también es verdad que parece mejorar en intentar poner cerco a los pelotazos, y va progresando adecuadamente en el esbozo de palomitas. Sea como fuere, el cometido principal de Elena -la portera- es seguir recibiendo balonazos y eso, como a los muñecos del futbolín, se le da bien.
Cubierta la rabadilla del espinazo, y considerando que la espina dorsal es esencial en un equipo, el siguiente puesto clave es el de defensa central. El entrenador (y delantero centro) ha decidido mantener en ese puesto a un solvente zaguero con recorrido que combina perfectamente el ser leñero con el saber salir con el balón controlado. Es extremadamente hábil tanto en lo uno como en lo otro, y lo completa Pepe con un incuestionable don de mando y organización.
En la zona central, engarzando defensa y ataque, dos veteranos que como tales (y aunque no lo fuesen) son avezados ratones coloraos. La manija, la visión, la estrategia, la lectura previa e inmediata e infalible de absolutamente todo para Alfredo. Es el cerebro, el estilista, el orfebre, el eje, el diseñador, el pasador…, y lo combina con maestría con el difícil arte de la defensa porque es sin duda un artista llevando a la práctica aquello de que la mejor defensa es un ataque.
A su vera, como fiel y superprofesional escudero, otro veterano curtido en mil contiendas por todas y cada una de las ligas y divisiones, tanto en campos de tierra como en verdes prados o agrestes predios. Ramón es su nombre, retorna de un forzosamente desangelado periplo europeo para volver a demostrar que es fino como el coral en el regate corto, contumaz en el regate largo, y exquisito gambeteador y driblador. Es además un enorme pulmón inasequible al desaliento y maneja con habilidad la negociación con contrarios y propios detrás de un diplomática sonrisa (blindada siempre).
Para los extremos dos fichajes. Dos piezas polivalentes de marcada e indisimulada y necesaria querencia a la banda izquierda que es por dónde quiere concentrar los ataques porque es por ahí por donde lo reclama la afición y buena parte de la grada. Rosa y Valeriano, Valeriano y Rosa, tienen el difícil cometido de estar siempre prestos a desbordar una y otra vez empleándose a fondo en la floritura para concentrar cuales pararrayos (y cuando sea necesario) la atención de los campos. El propio por supuesto que precisa cual cura de emergencia de ese tipo de chispazos, pero también el resto de estadios rebañando inquietudes e inquietudines. Necesitarán mucho fondo físico, pero que mucho mucho, porque su misión no estar danzando todos los minutos sino cuando la situación lo exija (y se avecinan muchas situaciones altamente exigentes).
En punta, claro está, el delantero centro que aunque hace tiempo perdió el olfato de gol ahora acaba de obsesionarse en recuperarlo a toda costa, rememorando una y otra vez aquello que tarareaba (como muchos otros) cuando era chico: cuando las ganas de joder aprietan………. Es su obsesión pero como no termina de fiarse de ella ha armado este equipo con la intención de que asuman por completo todo el trabajo sucio y al tiempo se las pongan a güevo una y otra vez y otra más para rematarlas.
Faltan algunas piezas, tanto en el equipo titular como en el banquillo que serán comentadas más someramente. No se hará lo mismo con la cantera donde hay bastantes promesas pero también alguno que otro que está y estará ahí pero no como canterano sino como picapedrero.
El entrenador (y delantero centro, ahora parece que más en punta) ha dejado el papel de mediovolantes por las alas a personas esforzadas que se curtieron, con mayor o menor acierto, en mil batallas…bien montándolas, bien liándolas, o bien batallando por extrema fidelidad. Está por una parte Leire que trabajó (parece ser que infatigablemente) en hilar la madeja pero terminó enredándola y enredándose en ella. Precisa reposo y serenidad y qué mejor que tirar de sanidad donde además no queda casi hilos que hilvanar. Y luego está Trini que se inmoló dejando claro que lo haría una y mil veces, y como parece que eso de momento no tienen porque ocurrir se le aplica lo de quien evita la tentación evita el peligro encargándosele como misión que inunde el mundo de sonrisas y buenrollismo que buena falta hace.
Finalmente, del equipo titular, se mantiene en sus puestos a los dos laterales, Ángel y Miguel, que han demostrado su discreta eficacia e incansable recorrido, siempre sin estridencias pero siempre dispuestos para el desborde y el centro cuando sea preciso o para la falta técnica o el despeje o el saque de banda cuando también sea necesario.
En cuanto al banquillo, lo más importante es el nombramiento del segundo entrenador, Marcelino, al que se recluta en formato de casi salvador al compás de la preciosa coplilla de Ruibal que dice «te necesito aquí para que te encargues de esta melancolía, de poner mi (nuestro) corazón en orden, y otras cosillas pendientes que habrá que poner al día». Dicho en cristiano, para rehacer lo deshecho ahora que empiezan a apretar los toros electorales de los múltiples encierros a punto de estallar.
Finalmente, y aún en el banquillo, sobre todo Carme, eterna promesa a la que se resguarda entre exquisitos pañales para cuando (o por si) hubiera que tirar de ella.
Así queda el once y el banquillo. Su gigantesco reto es no descender. En su contra el clamor del graderío y el escepticismo de la afición. A su favor, ni más ni menos, que el otro entrenador (y delantero centro), el narcolépsico Nanin, que aún desde el catre se ha lanzado a sacar matrícula de honor en la aplicación y autoaplicación de su máxima máxima: no traspasa, no se nota, no se mueve.
A cuidarse!!