La visita de Mudis

la-visita-de-mudisDicen que ya anda por el barrio. Que la han visto enroscada en su guadaña acechando en zaguanes y descansillos. Que sus ojos están más inyectados en sangre que nunca y que sus fauces destellan de desmedida ansia como no se recordaba. Y que la misión que ahora le han encomendado, implacable como siempre jamás, es calificar sin piedad casa por casa para elaborar un amplio listado de coartadas personalizadas para cuanto antes poder perpetrar un vasto plan de ajustes individualizados en grado extremo. El miedo más atroz se ha apoderado de la ya ultratemerosa y megaacojonada población.

Se llama Mudis y no le llaman japuta por no mancillar el buen nombre y reconocido prestigio de ese pez mediterráneo de afamado sabor pese a su aspecto ciertamente tenebroso si uno se fija en su boca armada de dientes finos, largos y apretados…, vamos tal que el alma de la tal Mudis. Tiene 109 años ya pero se conserva en plena forma gracias al más que constante ejercicio que realiza, inasequible al desaliento, como sicaria cruel, feroz, sanguinaria y tirana de los golpistas financieros y todos sus secuaces, compinches y cómplices (léase políticos). Actúa con absoluto descaro y sin el menor miramiento toda vez que fue investida (e investida se siente) como sádico alcaudón y verdugo despiadado. Tan imborrablemente tatuada en sus entrañas lleva su misión que no le tiembla el pulso lo más mínimo para sajar, desmembrar, degollar y eviscerar a sus víctimas que son, por decreto ley, absolutamente todos, como perfectamente claro ha quedado viendo sus más recientes hazañas bélicas y sus devastadores efectos.

El pánico está desatado. Los niños no duermen cercados por terribles pesadillas. Los mayores se contienen a duras penas al mismo borde del suicidio colectivo. La población no reacciona, el terror les aprisiona en lo más hondo y tenebroso del más abominable ergástulo. Hay desamparo general, absoluta orfandad social porque los que alguna vez fueron referentes se han travestido de cómplices necesarios o exiliado a lo más recóndito de su ya extremadamente prostituida sensibilidad. Tan espeso es el desasosiego colectivo que cuesta siquiera imaginar algún tipo de respuesta o reacción, más aún cuando la barra libre de anestesia general está abierta ya 24 horas-7 días a la semana por tierra, mar y aire.

Continuará.

 

 

A cuidarse!!

 

Música (más) de Albert Plá, Treme Brass Band y Diego Carrasco.