Regresiones

regresionesAl llegar a aquella ciudad lo primero que vio fue a una mujer vestida de negro de los pies a la cabeza: desde las alpargatas al pañuelo en la cabeza pasando por el mandil y el bajo de las enaguas que se descolgaba entre el dobladillo de la larga falda (negra) y la recia calceta (por supuesto negra). Era como un retrato que se hubiese escapado de un antiquísimo nodo o de una de aquellas cajas metálicas de carne de membrillo que usaban las abuelas para guardar como tesoros viejas fotos de viejísimos tiempos.

Con la sorpresa escalándole marcial y entusiasta por las pantorrillas, se acercó a la paisana para que le indicase dónde estaba el colegio. Entonces se resorprendió porque la mujer, en contra de la imagen que ofrecía, se expresaba en un lenguaje actual y no añejo denotando además una preparación del todo incompatible con su aspecto. Le facilitó la información y camino del colegio se detuvo en un bar donde su ya rebosante capacidad de sorpresa volvió a desbordarse.

De entrada en el cartel no se leía “bar” sino “Cantina-Teleclub”. Ya en el interior, entre una espesa nube de humo de tabaco (¿pero no estaba prohibido?) se atisbaba a unos parroquianos trasegando chatos de vino y tapas de tocino veteado. En la radio sonaba Antonio Machín con sus “Dos Gardenias” mientras la voz engolada de un locutor repiqueteaba el título del programa: “Peticiones del Oyente”. Todo era en blanco y negro salvo un poster a todo color de la selección de fútbol “Campeona del Mundo 2010” que compartía protagonista con el Telefunken: el verdadero rey de aquel…sitio. Estupefacto por completo se acodó en la barra y pidió una Coca Cola Light. El dependiente puso cara de asombro máximo y, tras el “¿eso qué es?” y la consiguiente explicación, sentenció: “de refrescos tengo pesi cola o mirinda”. Con un indisimulado tembleque resolvió que “un chato vino” y aquellas tres palabras rompieron el sepulcral silencio que había provocado su petición. Volvieron las conversaciones y pegó hebra para volver a la estupefacción que le tenía secuestrado por completo: los parroquianos comentaban el resultado del Mirandés-Athletic en un corrillo mientras que en otro se discutía sobre la subida de impuestos del gobierno y sobre el repago en la justicia que recientemente había anunciado el ministro del ramo.

Temiéndose la llegada en cualquier momento de un punzante delirium tremens se encaminó, ahora ya sí que del todo, al colegio. Le llamó la atención que no circulasen coches y sí unos cuantos perros sin collar ni amos, pero decidió no pensar, dejar de pensar. No pudo, le fue completamente imposible porque al llegar a la puerta del colegio leyó “escuela” en el cartel, y porque al asomarse a los ventanales vio un aula de sólo niñas y otra de sólo niños presididas ambas por enormes crucifijos sobre vetustas pizarras. Quiso cerciorarse de que realmente estaba viendo lo que estaba viendo y afinó el oído. Fue la puntilla: en el aula de las niñas una monja con hábito casi castrense impartía religión recitando a voz en grito “artículos” del catecismo; en la clase de los niños un joven engominadísimo y con finísimo bigote disfrazado de profesor “años 40” explicaba con una impostura más falsa que judas la revolucionaria asignatura de Educación Cívica.

………….

Y entonces despertó… Y cuando despertó, los periódicos seguían ahí: “1 de febrero de 2012: Las mujeres deberán justificar de nuevo por qué abortan.- Educación desvirtúa Ciudadanía tras alinearse con sus detractores.- El juicio a Garzón por los crímenes del franquismo fractura el Supremo.- España se reforma.- …”.

A cuidarse!!

 

Música: Ry Cooder, Chavela Vargas, Elena Andujar y Pata Negra.