72 horas
No han pasado aún 72 horas del peor resultado electoral de su historia y el debate es un enzarzamiento respecto a quién deberá ser el nuevo cocinero y cómo se le elige, cuando lo que parece que debería haber es un debate respecto a qué menú se ofrece y se prepara, con qué ingredientes, con qué presentación.
No han pasado aún 72 horas del más amplio resultado electoral de su historia y no sólo no se debate ni se anuncia sino que se enmarañan en un inquietante y angustioso silencio para desesperación no sólo del personal sino también de mercados, mercaditos, banqueros, financieros, primas, brókers, especuladores, tiburones, carroñeros, calificadores, tecnócratas, economistas, analistas, o opinólogos.
Así están las cosas. ¡Qué triste, qué lástima!
A un lado presiones, quinielas, pasos atrás, un supuesto paso al frente que suena a huida hacia adelante… Cábalas en suma envueltas en teorías de todo tipo: qué edad debería tener, si debería o no estar en el congreso, si tiene que ser alguien nuevo novísimo, si valdrían los que han estado y están o si lo que están es fundidos…, si le eligen unos o por contra todos. Unos debates sin duda sensatos aunque no menos sensato parece que en lugar de encelarse en quién cocina se vuelquen las energías en qué menú se prepara, con qué ingredientes, con qué presentación…: la chicha vamos. Sí que es cierto que la carta que se preparó para lo que terminó siendo indigestión (festín para otros) era muy apetecible y que incluso puede valer durante un tiempo, pero no es menos cierto que aquel fue un menú coyuntural y por tanto de temporada. En diseñar pues la nueva carta parece que debería estarse con independencia de quién o quiénes sean, luego, el chef, el maître, o incluso el sumiller. Parecería lo lógico, y quizás hasta lo esperado y/o deseado; lo ilógico es enzarzarse en otras cuitas y más que lo hagan algunos con acreditada fama de hacer pésimos guisos y servirlos peor al punto de preferir muchos la anemia.
A otro lado, silencio, mutismo, mudez u ocultación; términos mucho más apropiados que el sigilo, la prudencia, la cautela o la discreción, aunque todos sean sinónimos. Inmovilidad en suma a pesar de tener tantísimo viento a favor lo que desconcierta no sólo a quienes ya fueron enclaustrados en el desconcierto sino también a quienes desde fuera no dijeron ni mu aún viéndolo y no oyéndolo y ahora claman y exigen con extremo nerviosismo que se diga ya y bien claro y alto el qué y sobre todo el cómo.
Así estamos y no han pasado aún 72 horas.
A cuidarse!!
