Gerovital
Entre el sosegón y los prozac alzó su voz (¡¡cuáaanto oficio!!) el gerovital, y aquello fue un chute colectivo de entusiástico cuéntame actualizado. Alguien gritó: “¡Los viejos rockeros nunca mueren!”; pero lo que a Charolito lo que se le vino a la cabeza fue la imagen de un toro gigantesco, amenazador y resabiado relamiéndose en el centro del ruedo y unos veteranos toreros yéndose a los medios retadores y gallardos (¡¡cuáaanto oficio!!) a someter al bicho sin contemplaciones y así (re)enardecer a la afición.
Imagínese rock and roll o tauromaquia, lo verdaderamente llamativo, y por tanto consignable, fue el poderoso efecto terapéutico que, según se pudo percibir sin demasiado esfuerzo, supuso esa mañana mitinera a la vieja usanza, con toda su liturgia: pabellón a reventar, gente en la calle sin poder entrar, banderitas a miles, carreras y empellones para coger el mejor sitio, conversaciones apasionadas, olor intenso a fervor…, ¡catarsis! Y en mitad de todo ese envoltorio, totalmente mimetizado con él, un mano a mano imposible durante años con la misión y el empeño de bombear autoestima a chorros.
Si llamativo y consignable fue todo aquel ambiente y todas aquellas sensaciones, no lo fue menos sino todo lo contrario el poso que a Charolito le dejaron discursos, proclamas, apelaciones, advertencias, reivindicaciones y propuestas. Quizás fuese en buena medida por el apabullante cóctel, del que era dificilísimo sustraerse, que llegó a escribir en su libreta “lidergnados” con la siguiente anotación: “hubo un momento en que aquellas cosas que decían contenían mucho del quinceavo movimiento. Por ejemplo lo de las hipotecas: “te decían que por 100 euros más de lo que pagabas de alquiler te comprabas tu piso porque ellos te daban la hipoteca ya o antes que ya sin que tu tuvieras casi ni que pensar. Cuando te quedaste sin trabajo y ya no podías pagar te quitaron la casa pero además te exigieron el dinero. Tú les dijiste que ya tenían la casa pero ellos replicaron que la casa ahora valía menos que cuando la compraste. Tu les dijiste “pues entonces ya la he pagado” y ellos no sólo te empuraron sino que además como fue la abuela la que avaló tu crédito ahora van a por la casa de tu abuela… ¡Pues no!, hay que eso hay que pararlo; hay que cambiar el sistema desde dentro y esos otros no lo van a hacer porque son de los suyos”.
Eso, o algo así, pasó, según anotó Charolito, en lo que, interpretaciones al margen, fue un bautismo colectivo en gerovital actualizado que intencionadamente o sin querer fue dispensado a granel e inyectado directamente en la anoréxica autoestima.
A cuidarse!!