Dividir y abaratar

el-roto-el-paisEmpezó el sarao. Mejor dicho: no cesa el sarao en el que desde hace un rato ya se pueden llamar a todas las cosas por su nombre, sin eufemismos. Un sarao karaoke total que en sus compases de ayer dejó cuatro o cinco perlillas que Charolito subrayó en su libreta (que nada tiene que ver con la de los avezados cronistas) bajo los epígrafes «dividir» y «abaratar», principalmente, y «cambiar» (de donde nace la expresión «cambiazo») y tener (casi más que querer).

Encuestil lo hizo en la tierra de aquel señor al que los pupilos del orador le gritaron «enano» instándole «habla en castellano», aunque luego llegó Jóse y entonó íntimamente «t’estimo». Allí, surfeando en la cresta demoscópica, clamó y proclamó su gran receta, la madre de todas sus propuestas: «esta situación se arregla con un cambio de gobierno, con nuevas personas»… No con lo que vaya a hacer ese gobierno y esas personas, ni tampoco cómo lo vayan a hacer… No, de eso ni mu. Encuestil quiere convencer (y no parece tenerlo difícil) de que con un cambio sirve y sobra, y fíjate tú que un vecino de Charolito ha decidido probarlo y se tira todo el día cambiándose de ropa, de peinado, de sitio… pero nada, sigue todo el rato en su misma y angustiosa crisis… Lo del cambio (de donde nace la expresión «cambiazo») como buque insignia, y detrás no se encuentra ni un sólo buque más, y a continuación otra perlita nacida de una llamativa traición del subconsciente: «tenemos un proyecto, haremos un gobierno para dividir…, para sumar que me diga». Charolito recuadró esa frase y a pie de página anotó que muy posiblemente fue un lapsus, pero que también era posible que fuera un velo que le quitó a ese programa cuyos detalles, que es donde están las claves, sigue velado, porque lo cierto es que dividir y sumar son dos palabras que se parecen lo que un huevo a una castaña.

Del otro aspirante, al que la realidad ha tiznado de sparring, dos anotaciones en el cuadernillo de campaña («día 1 + un millón»). Desde una universitaria y milenaria ciudad madrileña, y ejerciendo de nuevo profesor, sí propuso en concreto que no en difuso: abaratar la contratación y no el despido. Abaratar fue el primer verbo subrayado, y, rizando el rizo, Charolito hasta lo inyectó en el capítulo fiscal escribiendo «no se abaratarán, sino todo lo contrario, los impuestos a los que más tienen (y han ganado con este drama): ricos y bancos (sinónimos sin duda)». Abaratar por tanto pero además, y como ya hubo resaltado Charolito, «tener» porque este aspirante modificó circunstancialmente lo de pelea por lo que quieres por el pelea por lo que tienes. Subsumido por el tsunami demoscópico que con tanto ilusionismo manejan Encuestil y sus corifeos, este aspirante parece intentar desnarcotizar al personal acentuando lo que dejará de tener (el personal) si lo profético termina siendo, como parece, clarividente.

El sarao karaoke total no ha hecho más que empezar. A cuidarse!!!