Todo esto para qué
Título multiusos que multiusaremos llegado el caso, te lo advierto. De momento intentemos ceñirnos a la nada para vacíos y vaciados garabatear un manojillo de garabatos con la utópica intención de que una vez juntos pueda entenderse algo, cualquier cosa servirá.
No cagarla era el objetivo, el gran objetivo. Durante horas, días, semanas, meses y más meses se trabajó afanosamente poniendo en el empeño todos los sentidos, los propios y los ajenos. Se hizo cuando reventaba la primavera, cuando abrasaba el verano, cuando lloraba el otoño, cuando helaba el invierno. Se hizo al alba y en el ocaso, en interminables mañanas y noches eternas, en infinitos mediodías y en tardes gigantescas. Se hizo poniendo en ello el alma, el corazón y todos, absolutamente todos los sentimientos. El objetivo era no cagarla, ese era el verdadero objetivo, el gran objetivo aunque no el único.
Se amasaron millones de toneladas de fe. Se salpimentaron a granel con las más selectas esencias de escogidos cariños. Se envolvieron con la creencia más exquisita. Y se pusieron al fuego lento y eterno que se extrae del magma de la pasión.
No podía fallar, nada podía fallar. Fue tanto el fervor y tantísima la entrega, tan poderoso y tan arrebatadora, que nadie vio porque no importaba que despuntaba un eclipse y que amenazaba con oscurecer aquellas miradas de fuego, aquellas miradas cautivas de sí mismas.
No cagarla era el objetivo, el gran objetivo. Aún se busca afanosamente el balsámico “misión cumplida”. No hay previsiones de cuándo se podrá encontrar para ser gritado a revienta pulmones porque los preparativos son tan extraordinaria y poderosamente absorbentes y seductores que en ellos se han anclado burlando entre sonrisas de desbordante e inagotable ilusión el acuciante “todo esto para qué”.
Y entonces fue cuando se fue.