A.P.R.

ilusiones_opticas_2511Válganme los dioses benditos y líbrenme y excúlpenme todos y cada uno de ellos sin exclusión por la osadía de siquiera perpetrar esta epístola, breve pero densa epístola, dirigida a quien corrió como centella, tragó como pozo sin fondo, orquestó con mano izquierda, gestionó con prestancia del norte al sur y del este al oeste en lo público, bregó y batalló en los valles hediondos de la crítica insidiosa, manoteó elegante pero implacable en las ciénagas del insulto, y se gustó y gusta más que nadie en el arte del mostrar y demostrar qué es comunicar (“comunicación eres tú” le han piropeado con acertada objetividad en más de una ocasión). Ahora está embarcado (o ha sido embarcado) en un puntiagudo, puntilloso y pulverizador reto con todas las trazas de osadía envenenada: ser el más preferido entre los preferidos en el pedregoso barbecho en que unos y otros y lo uno y lo otro han convertido la política. No es un toro lo que lidia y debe lidiar, es una manada de toros resabiados, peligrosos, mansos y aquerenciados en el desprestigio y la incredulidad.

Tremebundo panorama y aterradoras circunstancias, pero como decía mi agüela “lo que no te mata te hace más fuerte”. En ello está y a ello se pone en cuerpo, alma, cabeza y corazón este alquimista de la química política (y de la otra) al que, válganme los dioses benditos, oso empaquetarle un manojillo no de consejos (válganme los dioses benditos) sino de simples reflexiones fraguadas a pie de calle y a codo de barra de taberna o bodega.

El primero de todos, o la primera, puede resultar un tanto contradictoria para un madridista por el estado actual del madridismo oficial e imperante y por tanto madridismo entre mucha comilla. No hay que salir a jugar el partido con la obsesión de no perderlo por goleada, hay que salir a jugar y no a no perder con el absoluta y poderoso convencimiento de que si la cosa está de perder da lo mismo perder por uno que por cien. Hay que salir a jugar y a ganar, no a pergeñar no sé qué cosa para no perder.

Lo segundo que le diría es que sabiendo como sabe que en los últimos años ha invitado desmedidamente a auténticas borracheras masivas de disgustos encadenados, se ha llegado a un estado tal en el que ya no son imprescindibles, pero sí necesarios, los alivios, que también lo ha habido a espuertas, que lo imprescindible tras este cruel peregrinaje por el páramo de la crisis son las ilusiones. Dicho más llano: no me des alivio, dame ilusión; sé que el alivio lo tengo y que no me faltará (aunque con otros quien lo sabe), lo que no tengo y necesito casi más que el respirar es la ilusión. Ojo, la ilusión, NO el ilusionismo.

Y lo tercero y último que entiendo debería hacerse y repetirse hasta la extenuación es que efectivamente hay otra manera de hacer las cosas. Dímelo pero sobre todo demuéstramelo, siempre desde la base de lo hecho. Es decir, que debe mostrarse y demostrarse, cantar y convencer, que se reformó el sistema o mejor que se recimentaron los cimientos y que ahora se trata de levantar el edificio, y que a partir de ahí es el personal y sólo el personal el que debe elegir entre dos proyectos y dos arquitectos.

Y ya no digo más. Únicamente que suerte, porque su suerte será la de muchos, y que a cuidarse… todos!!!