Si me das a elegir…

el-roto-el-pais

 

¿Ternera o carne? ¿Merluza o pescado? ¿Coca Cola o refresco?

Petrificado y estupefacto se quedó frente a las propuestas del menú del día de aquella taberna en la que se atrincheró huyendo del griterío feriante de ahí afuera, aderezado en los últimos días por toneladas de desatada indignación tanto tiempo contenida.

 

 

-Perdone usted, ¿me podría concretar?

-No. Soy incapaz, me resulta imposible. Es lo que hay.

-Sí pero es que…

-Sólo puedo aclararle que si pide ternera debe saber que está algo pasada y más dura que la suela de un zapato. O que si elige merluza tendrá que rebuscarla entre multitud de espinas, y además hace tiempo que caducó su fecha de caducidad. Eso sí, en ambos casos los productos tienen claro clarito su origen y su trazabilidad.

-Ya… ¿Y qué pasa si pido carne o pescado?

-Pues…, pues que quién sabe. Lo mismo es cerdo o cordero o pollo o sencillamente casquería. Y en el caso del pescado, pues también a saber: desde el chanquete a la japuta, desde el boquerón al pez espada.

-O sea, que debo elegir entre lo malo conocido o lo bueno por conocer, entre una realidad por inconveniente que resulte o una indescifrable o indefinida cuestión de fe.

-Efectivamente. Es casi casi como estar entre la espada y la pared, entre málaga y malagón, o entre guatemala y guatepeor.

-Ya. Pero lógicamente tengo otras opciones como por ejemplo ayunar… O como por ejemplo comérmelo todo y bebérmelo todo… O como por ejemplo mandarlo todo a tomar por culo y echarme a la autogestión alimentaria para comerme lo que yo crie o cultive y beberme el agua de la lluvia o el vino o la cerveza que yo fabrique.

-Así es. Usted mismo.

Entonces se repuchó en sí mismo y comenzó a plantearse muy seriamente si comerse sus vísceras y beberse sus fluidos o, por contra, practicar con descarada desmesura el canibalismo y la antropofagia.

Terribles dilemas imposibles de nuevo. ¿Insalvables? ¿Irresolubles? ¿Incurables? ¿Insensatos?

“Si me das a elegir”…

A cuidarse!!!