Dime que no fue un sueño

sueno1La primera estrofa de aquella canción rasgó la luna nueva de arriba a abajo y transmutándola en «llena» provocó una levísima y envolvente bruma de tenues y dulces destellos que la brisa depositó delicadamente en el suave bamboleo de aquella olas mediterráneas.

La segunda estrofa se convirtió en florete en cuanto se ensambló con el nudo de miradas, clavándose hondo y sin dolor hasta la empuñadura en el corazón del alma.

Cuando llegó la tercera, la sensual serenidad fue atravesada por un afilado rayo de dolor preventivo, sobrevenido, temerosamente anticipado: ahora que aquello ocurrió no debería pasar sino perpetuarse, no debería escapar sino asentarse y recimentarse.

Y como habiendo tres hay cuatro, con ella llegó el reventón vestido de clavel de intenso y fulgurante rojo pasión. Y cabalgando a lomos de tan exquisitas sensaciones, súbitamente codeó con energía e inasequible determinación aquel nudo de profundas y poderosas miradas trenzando un lazo infinitamente destrenzable, perpetuamente anudado a los más indómitos y ancestrales sentimientos.

Y cuando acabó la canción creyó por un momento que quizás todo había sido un sueño. Llegó incluso a pellizcarse para cerciorarse de que no lo era. Pero no sintió pellizco alguno porque no quedaba sitio ni lugar en ni una sola terminal nerviosa. Era la prueba evidente e imborrable de que efectivamente no era ni fue un sueño sino la intersección perfecta cual laboriosa soldadura de las flechas disparadas desde el tenso e infalible arco de aquel nudo de miradas. 

 

A cuidarse!!