El zoco del tiempo

la-luna-en-cuarto-creciente-en-escorpio1La luna mora convertida en cimitarra sajó la noche de sur a norte provocando una hemorragia de luceros entre goterones de centellas. La estrella polar, enseñoreada en lo alto de la negritud, rasgó el zaino silencio, y el aire de plomo fundido se agitó nervioso. Acababa de fraguar la revolución que llevaba tiempo cociéndose en los hornos de la libertad.

A Mahmud le estalló cuando acababa de entrar en el zoco del tiempo a la búsqueda de instantes y momentos pasados, presentes o futuros a buen precio. Sabía que iba a ocurrir y no le sorprendió, sí lo hizo el ajetreo histérico que reventaba algunos de los puestos con prebostes, déspotas y tiranos dándose codazos cuales yonkis en busca del kitamono.

Allí estaba Mubarak comprando tiempo desesperadamente con la intención de ganarlo, y creyó ver que incluso lo pagaba con su propia sangre tras haber entregado los números PIN de todas sus cuentas suizas alimentadas durante lustros a base de oprobios, vejaciones y venta masiva de humo. Vio también a Barak regateando tiempo y los dólares para comprarlo con un cuervo sobre su hombro izquierdo y un buitre en el derecho deseosos de lanzarse a carroñear tesoros energéticos entre las vísceras bien fondonas de quien a tanto y tanto alimentó. También estaban allí colándose descaradamente media docena larga de amos opresores de otros tantos países árabes mercadeando tiempo preventivo con las ajadas maletas para los sobornos colgándoles de las mantecas. ´

Psicóticos y paranoicos comprando tiempo desquiciadamente para luego volver a engañar diciendo que lo habían ganado. Y frente a ellos, decenas de miles de vendedores de tiempo, cientos de miles de hartos ya de estar hartos que si algo tenían de sobra era tiempo, millones de personas que después de muchísimo tiempo soportando el tiempo y los tiempos habían pasado a controlar el tiempo y los tiempos.

Mahmud fue feliz y feliz lo contó a todos cuantos quisieron escucharle. Entre ellos uno de nuestro tiempo y espacio que mientras escuchaba preso de la emoción jugueteaba con los tiempos de aquí viendo a unos emboinados anclados en el tiempo que ellos ensangrentaron a tiros y bombazos queriendo comprar desesperadamente tiempo electoral para después mendigar tiempo vital; a uno comprando el tiempo que casi daba igual el que fuera para con él intentar desviar el cauce de las bravas y caudalosas encuestas que como setas empezaron a brotar sin cesar con los huracanes económicos; o a otro que completamente borracho de sí mismo no paraba de regalar tiempo y tiempos que no eran suyos para así poder satisfacer la obsesión de que su tiempo era ya y ya y más ya y nadie se lo iba a volver a robar.

El zoco del tiempo está en máxima e imparable ebullición. El bazar de los instantes y los momentos abre las 24 horas de lunes a domingo.

A cuidarse!!!…