Cazarrecompensas
La mayor concentración de cazarrecompensas del universo está ahí, y ahí está también la mayor concentración de la galaxia de recompensas en busca de cazadores o cazadoras.
L@s hay, much@s, de justo justo eso que estás pensando. Se nota en todo su esplendor desde bien temprano cuando el frío se camufla vestido de bruma y allá al fondo se escucha lo que en una montería sería berrea. Y no sólo se oye entreverado con la escarcha de fuego que no de hielo…; además se ve con absoluta nitidez en el fondo de miles de ojos inyectados de deseo y se huele entre los recovecos de esencias y fragancias. Pasa cada mañana y se repite sistemáticamente cada media mañana, cada mediodía, cada atardecer, y, sobre todo, cuando el ocaso despide estrategias señalando la llegada de la hora de la verdad. Y es justo entonces cuando aquellos ecos, aquellos aromas y aquellos afanes se mezclan como si fuesen los elementos químicos de un explosivo y se convierten en bombas de ansias desmedidas y salvajes codicias. Los escenarios entonces se trasladan de los recintos feriales a calles, hoteles, discotecas y apartamentos… Ayer fue así y mañana volverá a ser así.
Cazarrecompensas desatad@s y desaforad@s recompensas en busca de cazador@s rastreando una y otra vez donde desparramar pruritos, comezones y reconcomios… Pero también batidas de tramper@s profesionales, oleadas de avezad@s virtuos@s del arte de la patilla y el gañote echando sus cañas en todos y cada uno de los stand(ques) en la seguridad de que muy mal se tendría que dar para no pescar aunque fuese un par de pezkeñines. Indivu@s con masters y doctorados en supervivencia, camelo y estafa, a l@s que las nuevas tecnologías les van como trajes a medida: se inventan portalicos que llenan de fotos (no importa si robadas) y de textos (qué más da si de las alforjas del copia y pega), se hacen tarjetas de visita cuanto más floridas mejor, y se lanzan en cuerpo, alma, estómago (y otras vísceras) a la pesca (da igual de altura que de bajura o incluso el marisqueo) en la certeza de que algo caerá entre tanto río, arroyo, laguna, mar u océano.
La mayor concentración de cazarrecompensas que se pueda imaginar está en fitur. Y en fitur está también la mayor concentración de recompensas en busca de cazador@s.
Y todos y cada uno de ell@s a lo suyo, inasequibles al desaliento y sin alterarse lo más mínimo ni siquiera cuando desde las afueras de sus monterías lleguen noticias como que el paso previo a la jubilación será una estancia laboral a modo de purgatorio en los mismos núcleos de las centrales atómicas, o, a más a más, que para jubilarse a los 65 y tener la pensión máxima habrá que haber cotizado como mínimo 58 años.
A cuidarse!!