Espanis güikilí
Sería de ingenuos, necios e insensatos pensar que nuestro personal diplomático, desde embajadores a cónsules pasando por agregados varios, no se ha haya dejado llevar en más de una ocasión por las veleidades anacléticas. No es difícil imaginar a cualquiera de ellos anota que te anota en servilletillas de papel en la penumbra de un váter, o escribiendo con pulcra letrilla currada en cientos de caligrafías en repujados tarjetones en el despachito oficial, incluso, claro que sí, amartillando en el portátil convertido en ametralladora de emails dentro de la burbuja virtual que inevitablemente nos succiona cada vez que nos informatizamos. Sí, es bastante más que probable que lo habrán hecho y que lo harán, relatando desde cómo se mete el dedo en la nariz Berlusconi a cómo se rasca el ojete Sarkozy pasando por el tradicional “he sabido que…, fíjate lo que le escuché a…..”, e incluso, claro está, informitos tapizados en confidencial sobre cualquier plan, chanchullo, estrategia y cambalache. ¡Cómo no lo vamos a imaginar si por ahí sigue disciplinadamente despistado lo de la chapuza cheli que te cagas de los anacletos de Killer Hope y sus “el pájaro está en el nido; cambio…”. Claro que sí, por supuesto que sí, evidentemente que hay espanis güikilí. Eso sí, sin que a los escritos se les llame –al menos de momento- cables, lo que debe traducirse como ser de rango menor con pinta de chusquero.
Sean como fueren, los hay. Y exactamente por la misma regla de dos (que es más básica que la del tres), habrá (los hay, seguro) decenas, cientos de fervientes güikilándicos con, digamos, toneladas de dimes, diretes, chismorreos, operaciones, comportamientos, actitudes…, episodios y secuencias ansiosas y ansiosos en su mayoría de ser güikilandizadas. Un auténtico ejército de potenciales informadores, con incluso posibles kamikaces informativos entre sus filas, que abarcan un muy amplio espectro de la vida misma: taxistas, camareros, periodistas, empleados de todo tipo y condición, incluso vecinos de viaje, restaurante, terminal, puerto… Un caudaloso y bien denso caldo de cultivo para la güikilicosis, que si se desborda, y quién sabe si no está a puntito, mutará en voraz y trituradora pandemia de efectos purificadores más que devastadores porque haría realidad el viejo anhelo de que lo terrible no es contar lo que pasa sino lo que pasa.
Habría por tanto, o habrá, que estar preparado/s para la espanisciclogüikiligénesis explosiva. Un buen entrenamiento es hacer lo que una vez me contó un gran amigo-hermano. Se trata de hacer saber que se tiene un cuaderno donde se ha ido anotando presentes y pasados con todos sus detalles… Dicho de otra forma: anotar en un cuaderno todo todito todo, por supuesto, pero no alardeando de ello y sí alardear ostensiblemente (¿o era ostentóreamente?) de que se tiene un cuaderno: «te lo advierto».
A cuidarse!!!