Escalofríos
Esta mañana le despertó muy pronto. Y sí, le despertó. Llevaba días intentándolo sin conseguirlo. Pero hoy sí. Y eso que utilizó la misma táctica de otras veces: un susurrante buenos días y música. Hoy funcionó.
«¿Dónde te metiste, por qué no me hacías caso?»… Se lo dijo suave, como para que no pareciera un interrogatorio. No hubo respuesta. Seguía atrapado, secuestrado, preso del tiempo del que estaba hecha aquella agenda, ese tiempo lleno de tiempos vestidos de guadañas. Rehén de tantos momentos, esclavo de tantas secuencias, cautivo de tantos instantes, siervo de tantas circunstancias…
«¿Dónde te metiste, dónde estabas, por qué no me hacías caso cuando te llamé una y otra vez?»…
«Sí estaba, sí estoy…, ¡siempre estoy!… Aunque últimamente hay muchas veces en las que no sé si soy……….».
Y entonces se miró por dentro y entre una asfixiante niebla creyó ver, o mejor atisbar, un alma seca y los sesos convertidos en cieno. Sólo lo atisbó y aunque prefirió pensar que eras alucinaciones, un caudaloso torrente de escalofríos le anegó la conciencia.
Volvió a cerrar la agenda.
A cuidarse!!