Foto de vísperas

13Los pensadores no pensarán, los lectores no leerán, los escritores no escribirán…; los fumadores no fumarán, los bebedores no beberán, los jugadores no jugarán…; los retratistas no retratarán, los caminantes no caminarán, los soñadores no soñarán… No se comerá, no se respirará… Hasta los reyes no reinarán… 

Utopizando de nuevo (¡¡maldita puta utopización permanente!!), ahora en la víspera, lo cierto e indiscutible es la foto…de vísperas. Una imagen que debería tener mucho movimiento pero que casi casi es una foto estática, una foto fija. Y es que es curiosa la sensación que Charolito respiró bien temprano, justo justo cuando empezaban a poner las calles. Un retrato que chorrea ganas en plena hemorragia de motivos, pero un retrato dominado por toda la gama de grises temerosos, pusilánimes, retraídos.

La sensación es de mayoritaria ansia de éxito pero de mayoritaria necesidad de que ese éxito llegue sin haber ido a buscarlo. La sensación refleja un nítido deseo de que broten por todas las esquinas ejércitos de primoszumosoles que consigan para todos lo que muchos muchos de esos todos no se consideran en condiciones de currárselo. Las brigadas tendrán su apoyo encendido e incuestionable… Pero nada más (o nada menos). Entre las miradas se puede atisbar incluso una retahíla de peticiones (y por tanto deseos) de que todo quede paralizado a primerísima hora para tener ahí la coartada y la excusa, el motivo forzoso pero aliviador para secundar la huelga. Es el no atreverse o el no poder permitirse participar por voluntad propia, y necesitar por ello, tanto como el respirar, que otros faciliten la tarea. El quiero y no puedo, el ayúdame a poder que me muero de ganas de querer. El «yo voy» pero porque tú me llevas.

La suerte está echada. Los sindicatos han puesto toda la carne en el asador crecidos por la surrealista criminalización a que les somete la carcundia que en su frenesí por el ansia de poder está convirtiéndose en su mejor aliado. Los gobernantes están, más que expectantes, inquietamente tranquilos y lacerantemente dubitativos respecto al qué hacer después sabiendo que más allá despuntan encarnizadas contiendas electorales. Y los aspirantes, que practican escondidos la modalidad de la caza en espera, babean de tanto imaginar su gloria, y enfebrecidos por ello ahondan en su diabólica contradicción: en vez de plegarse a los deseos sindicales de servicios mínimos para joder a los gobernantes, los torpedean a base de decretazos de «ordeno y mando» convencidos de que ajusticiar a los sindicatos en la gran plaza pública laboral por vagos, vividores y cuentistas, pondrá a los trabajadores de su parte.

Peligrosísima esquizofrenia ribeteando la foto de vísperas cuya preparación se mira, para ahondar en la locura, desde una comodona parálisis pavorosa: que lo hagan otros y ganen para después sumarnos.

Y todo eso con un constante y ensordecedor estribillo de fondo: aquel «no nos falles», que hace tiempo quebró, se está resquebrajando y el sonido resultante, aún con mucha distorsión, empieza a transmutarse y poco a poco se va asemejando a algo así como «nos fallaste».

A cuidarse!!!