Ciberataque a Telefónica
Hace unos meses el mega-almacén de datos personales de todo tipo y condición más importante del país (ceneis y fse al margen) sufrió un audaz e inquietante ciberataque. Nada se ha sabido y nada ha trascendido porque es mucho lo que hay en juego, empezando por el prestigio, pero lo cierto es que pasó: un hacker o una pandilla de ellos logró vulnerar uno de los sistemas de seguridad más sofisticados (al menos en teoría) y consiguió introducirse en el cerebro y el corazón de Telefónica. Por suerte, según las fuentes informantes, las alarmas (las mismas que momentos antes habrían driblado) saltaron de inmediato, pero el bicho ya estaba dentro. A su merced cientos de miles de millones de datos personales, empresariales, oficiales…, vamos las vergüenzas y desvergüenzas del país al aire o mejor dicho en manos de un/unos pirata/piratas.
Quien o quienes facilitan esta información a Charolito no concretan si hubo algún tipo de robo o manipulación. Repiten (e insisten) que esa gente se conforma con el hecho de haber desblindado lo más blindado y luego presumir de ello, pero eso que tanto repiten (e insisten) no lo dicen con todo el convencimiento deseable con lo que… quién sabe. Lo cierto (y fetén) es que pasó y que durante varias horas (bastantes) recorrieron decenas de miles de archivos, cientos de miles de bases de datos, millones de informaciones personales, empresariales, oficiales… Fisgaron cuanto quisieron y no sería descabellado pensar (o temer) que a la par que enredaban y fisgaban copiasen, ¡qué miedo!
Que hicieron lo que hicieron se sabe, no el porqué y el para qué lo hicieron. Sí se sabe (palabra de Charolito) que fueron varias horas de máxima emergencia con buena parte de la plantilla de telefónica con incontrolado temblor de canillas, y los jefes arrancándose las muelas con sus propios dedos. Se activaron todos los protocolos de seguridad (y muchos más, ¡jaja!) y se redobló la nutrida y bin pagada brigada antihacker a la caza y captura del bicho o de los bichos. Horas frenéticas y tenebrosas, y cientos de personas con los güevos de corbata…; empezando, lógicamente, por los responsables de seguridad (¡jaja!) y los (el) proveedores (proveedor) del antivirus (porque es básicamente UNO). Sudaron sangre y bites a chorros hasta que consiguieron expulsar al bicho. Y luego, exhaustos, callaron como muertos porque de lo contrario morirían…por segunda vez…, o mejor dicho por tercera vez después de haber sido muertos por los ciberatacantes y muertos por sus jefes (los más altos jefes).
Pasó hace unos meses y duró unas horas: ciberataque a Telefónica y en Telefónica, el mega-almacén de datos personales (y empresariales y oficiales) de todo tipo y condición más importante del país (ceneis y fse al margen).
A cuidarse!!