Lo rojo

san-fermin1Charolito acaba de atarse a una silla fuerte fuerte fuerte. Pero ni por esas. Son tales las ansias que le dominan que duda y mucho poder contenerse. Pide ayuda urgentemente: ¡que me retengan, que me encadenen, que me encierren!

Charolito, que está meditando seriamente cortarse la coleta y retirarse a las chimbambas, ha decidido con la tozudez que le caracteriza seguir el ejemplo de los mariachis de Nanin y marchar escopetao al constitucional a poner unos cuantos recursos a unas cuantas leyes que le joden para, como los mariachis de Nanin, no cumplir las leyes. No quiere concretar qué leyes recurriría para incumplirlas (él gusta decir «pasárselas por el forro de los cojones), pero son fáciles de imaginar. Considera que los gurPPelianos por fin han hecho algo ejemplificador y espera y desea que cunda el tal ejemplo y se extienda por los confines del planeta («¡calla niña!») a modo de nuevo catecismo basado en la doctrina «que te jode esa ley, recúrrela e incúmplela, los del PP lo hacen».

La sangre se le enciende, se le requeteenciende, y como se conoce y la puede liar, pide-reclama-exige ayuda urgente: «¡¡¡átenme!!!»  Mientras llega alguien a hacerlo, Charolito (que medita seriamente cortarse la coleta y pirarse a las chimbambas) opta por dos medidas, balsámica la una y preencabronadora la otra: grita a pleno pulmón (bueno a cuarto de pulmón, jodío fumeque) ¡viva San Fermín-viva lo rojo!, y se dispone a realizar un muy minucioso trabajo de campo para retratar con máxima exactitud, y por actIVA y por pasIVA, «el estado de la nación» ahora que ya asoma por el horizonte.

A cuidarse!!!