¡¿Sólo 12 años?!
Roberto Alonso es un ultranazi tan indeseable como todos los de su especie. O más. Charolito no le conoce, y ni falta que le hace, pero no tiene la menor duda de que es un despojo de la sociedad. Un despojo porque despojo es más asqueroso, mucho más, que un detritus o una escoria. Una inmundicia de cerebro rapado que una noche de febrero del año 2007 quiso autodemostrarse, más que demostrar, que era más re-macho que nadie y al grito de «arriba españa y puto mono» apalizó sin piedad a un alegre congoleño licenciado en Económicas que hablaba cuatro idiomas y era traductor oficial, casado y con dos hijos que entonces tenían 7 y 9 años, llamado Miwa Buene. Un hombre rebosante de ilusiones y proyectos que llevaba siete años forjándolos en esta España a la que insultó en lo más hondo de su alma el ultranazi usando esa palabra en vano como grito de guerra. Un ciudadano libre hasta que el fascismo criminal se cruzó en su camino en la persona del despojo Alonso que, cobarde hasta las trancas, le atacó por la espalda partiéndole la médula de un puñetazo traidor. Miwa desde entonces está tetrapléjico, paralizado desde la barbilla hasta los pies. Su asesino no sufrió ni un rasguño, ni Miwa le atacó ni nadie de los que allí estaban le hicieron nada de nada demostrando lo que poquísimo que vale la teórica valentía colectiva.
Al despojo acaban de juzgarle por su crimen. Dijo y repitió en el juicio que él nada hizo y que si hizo algo sería sin querer y porque iba bebido, y añadió que ni es nazi ni parecido y mucho menos racista. ¡Y una mierda! De hecho hoy el indeseable, en su alegato final, ha tenido los güevos de pedir perdón, ojo, «a todo el que se sienta ofendido por los insultos de puto negro, negrito, etc»… Su abogado, qué lince el tío, pide que se le absuelva porque si le golpeó fue por la bolinga y que si lo hizo, apalizarle, fue sin intención de provocarle la tetraplejia que Miwa padece y padecerá de por vida. ¡Y una mierda!, le dió un sólo golpe en la nuca, al estilo del que daban a los conejos en las granjas de los pueblos, y de todos es sabido (el despojo también lo sabe) lo que les pasa a los animalillos con ese tipo de golpes.
El fiscal pide para Alonso 12 años de cárcel y hasta el más ignorante exclamará llevándose las manos al alma: ¡¡¡¿¿¿sólo 12 años???!!!
Así de justa es la justicia: cuando el indeseable despojo ultranazi salga de la trena, pongamos que dentro de 12 años, Miwa seguirá muerto en vida, tetrapléjico, sin más ilusiones y proyectos que sobrellevar su muerte para que sus hijos vayan viviendo sus vidas y a ser posible sin rencor ni ánimos de venganza. El infierno es y será para Miwa, para el tal Alonso calle para si llega el caso volver a golpear sin querer a alguien por el hecho de tener un color de piel distinta. Miwa seguirá muerto en vida y su asesino, cuando pasen 12 años, seguro que ríe a carcajadas con sus secuaces recordando aquella noche de febrero de 2007 en la que apalizó con saña al grito de «arriba españa, puto mono».
A cuidarse!!!