Recolectar en el barbecho

el-roto-el-pais2Entre desolado y angustiado miraba y remiraba a su alrededor. No había nada. Todo era un páramo yermo, devastado. Hasta donde la vista alcanzaba no se atisbaba ni una brizna verde, ni un minúsculo brote. De repente, en lo alto de la suave loma donde una vez campaban majestuosas las encinas, divisó a media docena de labriegos que con sus guadañas al hombro se disponían entusiastas a recolectar. No daba crédito, aquello era un barbecho irrecolectable: no había nada, absolutamente nada. Afinó el oído y le pareció escuchar el plan que los labradores de la nada esbozaban en el aire seco y ardiente. Sacaron planos y apuntes que cuidadosamente doblados llevaban en sus morrales y entonces alucinó. 

Sin reponerse del soponcio escuchó graznidos histéricos, muchos y muy sonoros que brotaban cual eructos del mismo centro del estómago de aquellas sanguijuelas disfrazadas de labriegos. No cabía la más mínima duda: eran cuervos carroñeros voraces hasta la avaricia.

Una parte de ellos, con las siglas PP tatuadas en los plumones de color azul fascista, mitineaban desde el mismo centro de la nada con unas poses que recordaban a aquellos que rebañan con tal ahínco que consiguen arramblar hasta la porcelana de los platos. Decían «somos el partido social, el progresista, el de los trabajadores y los jubilados». Lo gritaban y lo repetían enloquecidos. Pensó que una de dos: o están ebrios de ansia desatada o sufren una bestial insolación de avaricia política.

Otro grupito, con las siglas UPyD cinceladas en la bocana de su desencanto, se lanzaban como posesos a reclutar cabreados, resignados, rendidos, rabiosos y conversos. La cosecha era abundante y entre tanta paja había alguna simiente con vitola: un antiguo sindicalista muy muy alto probándose el traje de candidato a presidir una muy poblada comunidad, o un antiguo alcalde socialista y caballeroso probándose el traje de candidato a regir los destinos de un muy rico y populoso municipio del nor-noreste de la misma y muy poblada comunidad.

Finalmente, un último grupito sin plumas ni plumones, aguardaba impaciente a recoger las sobras de aquella recolecta indigna e indecente. Se les veía inquietos, excesivamente inquietos…; deseosos de que aquella realidad no cambiase para que ellos no tuvieran que modificar sus planes y proyectos que ya tenían escritos y titulados.

Entre desolado y angustiado hizo dos llamadas y se marchó. Una al frenopático. La otra a su conciencia a la que hacía rato había perdido la pista.

A cuidarse!!!