Odio ideológico
Hay muchos tipos de odio…: para cada momento, para cada circunstancia, para cada recuerdo, para cada inquietud, para cada quien y cada cual.
Hay odios impuestos y odios autoimpuestos. Hay odios forzosos y hay odios forzados. Hay odios sobrevenidos y hay odios buscados y ganados a pulso.
Hay odios laborales, odios políticos, odios existenciales, odios sensoriales, odios patológicos, odios odiosos por no haberlos aplazado y sí prolongado. Hay odios para todos y cada uno de los odios más odiosos y más odiables. Y hay odios falsos que son los más crueles porque ni lo fueron ni lo son ni lo serán.
Odio: sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia. Antipatía, aversión, repulsión, inquina, aborrecimiento, malquerencia, encono, saña…
Todo eso es odio y todo eso es aplicable al fascista Josué que en noviembre de 2007 partió un corazón de una certera y despiadada puñalada. Josué va a pagar por ello pero más allá de la merecida y justa condena, sobre él caerá a plomo (o debería caer) el agravante del «odio ideológico». Y para que él no lo olvide jamás, y para que todos lo sepan en cada momento, se le debería tatuar en la frente: «yo asesino por odio ideológico».
Stendhal dijo que la diferencia engendra odio; Sartre que basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera; y Baudelaire sentenció: «el odio es un borracho al fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida».
A cuidarse!!!