Pensar, callar, pensar

callar-a-los-muertos1De tanto callar lo que pensaba, el alma se le tiñó de odio, el corazón se le anegó de rencor y los cojones se le atestaron de ansía de venganza en estado puro.

“Nunca digas en voz alta lo que estés pensando”… ¡Puta frase!… Una y otra vez trataba de evitarla y una vez y otra el cielo del paladar se la bombeaba sin piedad hasta el mismo epicentro de su central de comunicaciones, hasta cada uno de sus más recónditos emisores, hasta absolutamente todas y cada de sus terminales creativas.

De tanto retener lo que pensaba, de tanto contenerlo, de secuestrarlo literalmente (¡literalmente, menuda paradoja!)… De tanto callar lo que pensaba, los sesos, sajados de silencio, se le iban disolviendo primero y enseguida desmoronando. Poco a poco, como de uno en uno, cruelmente despacito para que doliera más.

De tanto estrujarse las cuerdas vocales para no decir, de tanto encadenarse los dedos para no escribir, de tanto enterrar la mirada para que también ella callase, de tanto saber y tanto que decir para dar tanto que pensar… De tanto callar lo que pensaba iba poco a poco sintiendo que en realidad ya no pensaba y que en realidad ya no callaba sino que se había castrado el habla.

De tanto callar lo que pensaba y a punto de callar para siempre y de pensar ya nunca jamás, y después de haber probado el vademécum completo de narcóticos, estupefacientes, venenos, alcoholes, pócimas, brebajes, y mejunjes, y a la par que procedía a martirizarse con las más atroces y perversas torturas y a atormentarse con el arma más sanguinaria que era él mismo… De tanto callar lo que pensaba llegó a creer más que en sí mismo que realmente nunca estuvo ni fue, y que todo, y sobre todo que él, no fue más que una siniestra invención y un patético y delirante sueño.

 

A cuidarse!!

 

Música de A Jigsaw, Baxter Dury, The Divine Comedy y Camille.


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