«Tengo cita con la muerte. Mañana a las 7 os espero»

rafael-sanchez-el-pipoSe tiró de la gloria tantas veces como subió a ella y fueron muchas. Cada vez que ascendió a la gloria, y fueron muchas, se la comió a bocaos, se la bebió a tragos, y se la folló a degüello. Cada vez que se despeñó de la gloria, y fueron muchas, la maltrató, la desmembró, la violó, y la prostituyó.

Pícaro, vividor, listo, irrepetible, ingenioso, vivo, clarividente… Entre sus últimos planes estaba lo que entonces nadie ni imaginaba ni mucho menos soñaba: fabricar y comercializar paté de marisco y paellas refrigeradas. Dos productos y dos inventos que ahora están al cabo de la calle. Así era él, se anticipaba con una visión y una puntería que para sí quisieran hoy muchos publicistas y expertos en imagen y comunicación. De hecho, suya fue la patente de quien más ríos de tinta hizo correr y a más gente subyugó y arrastró a las plazas de toros: Manuel Benítez “El Cordobés”. Fue sin duda su mayor éxito, y a la postre también su mayor fracaso porque tuvo que gozar en la distancia del fenómeno que creó, crió, y lanzó con una proyección sideral.

Contaba en un no parar, que hacía que se le amontonasen las palabras, que se hizo rico riquísimo durante la guerra civil vendiendo mariscos por el frente con su amigo Manolete de ayudante (“ponía cantinas de marisco por todos los frentes”). Un fortunón (“un millón de pesetas en duros de plata que hoy -1987- serían 1.000 millones”) que dilapidó siguiendo al gran torero cordobés (“me lo gasté todo en fiestas, a las cartas, en güisqui y en mujeres”). Después volvió a fundirse millones a manos llenas y también con el marisco porque pagando comisiones para que las mejores gambas y cigalas fueran para el modesto cocedero de su padre amplió el negocio abriendo sucursales en Cádiz, Huelva, Zaragoza, Valencia, Barcelona o Madrid.

Con todo, su gran gran pelotazo lo fraguó en el mundo de los toros a base de un ingenio publicista que entonces fue sumamente descabellado y hoy totalmente increíble, inconcebible e imposible. En tres ejemplos queda expuesto y explicado, uno antes de El Cordobés y los otros dos con Benítez.

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear”.

Tiempo después se encontró con “El Cordobés” y su perspicacia publicista y propagandista se activó de nuevo hasta límites tan audaces como estratosféricos.

pipo-iiRecordaba que cuando le conoció no vio en él cualidades taurinas pero sí un valor temerario y un ansia incontenible por hacerse rico y fulminar la pobreza en la que nació y creció. Mezcló con habilidad ambos ingredientes montando una campaña espectacular siendo Benítez tan sólo novillero. Por un lado le bautizó en libros y carteles como “El torero de los pobres” haciendo que el pueblo llano se mimetizase con él y su hambre de hacerse rico a costa de su propia vida (“más cornás da el hambre”). Paralelamente organiza un sinfín de festejos en plazas portátiles con un reclamo tan brutal y estremecedor como unos carteles enormes con los que empapela pueblos y ciudades y planas enteras de periódicos y revistas en los que se ven cuatro fotos de otros tantos toros enormes, terroríficos y fieros hasta el salvajismo con “El Cordobés” en medio y la siguiente leyenda: “Tengo cita con la muerte. Mañana a las 7 os espero”. El éxito, debidamente bombeado hasta el paroxismo con multitud de crónicas periodísticas bien pagadas (“en dinero y en fiestas y en gambas y en güisquis”), fue abrumador: acaba de fabricar un fenómeno de masas.

No contento con ello, y entre un sinfín de argucias inconcebibles entonces en el ámbito de la publicidad al punto de que rozaban más bien la propaganda, rizó por enésima vez el rizo, y no fue la última, en Barcelona.

Reeditó y esparció el libro de “El torero de los pobres” resaltando que Benítez, ahora que le empezaban a ir bien las cosas, no olvidaba lo que fue, y, exaltando una caridad y una generosidad sin límites, repartía sus ganancias entre los suyos. En ese enfebrecido contexto toreó en Barcelona arrasando a base de volteretas y temeridad y el público enloquecido le llevó en hombros hasta el hotel. Una vez en su cuarto, con un gentío bajo su ventana, salió al balcón y comenzó a arrojar a la multitud billetes de 100 pesetas con su firma. Aquello se convirtió en un manicomio y la policía tuvo que intervenir para poner orden en semejante escándalo de orden público. Al día siguiente todo aquello inundaba las páginas de los periódicos siendo una monumental y muy eficaz campaña de publicidad totalmente gratis. Cómo sería aquello que a partir de ahí ya no se hablaba de otra cosa que de “El Cordobés”, llegándose al extremo de meterle en la mismísima residencia de Franco, en El Pardo, donde instaló una plaza de toros portátil y organizó un festejo taurino que presidió lógicamente el jefe del estado y que fue masivamente narrado, retratado y amplificado por toda la prensa del momento, tanto nacional como internacional.

Así fue y esas cosas hizo (esas y muchísimas más del mismo pelaje) Rafael Sánchez El Pipo de cuya muerte se cumplen hoy 24 años. Un personaje irrepetible que se tiró de la gloria tantas veces como subió a ella y fueron muchas, y que cada vez que ascendió a la gloria, y fueron muchas, se la comió a bocaos, se la bebió a tragos, y se la folló a degüello.

 

A cuidarse!!

 


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