Veneno que tu me dieras
«Escribe algo» le dicen a Charolito según arrastra su desgarbo emborronao por los ríos de lava en que se convierten las calles del foro en julio. «Escribe algo hombre» le insisten, pero resulta que Charolito tiene los güevos del tamaño de las más grandes plazas de toros, y que la paciencia se le ha travestido en especie en serio peligro de extinción. «Escribe, escribe…» le reiteran con el más máximo de los cariños, desconociendo quizás (pero lo mismo intuyendo) que Charolito lleva demasiados minutos deseando morderse la lengua pa envenenarse ya de una vez.
«¡Pero si hay mucho tema!…», claman con extrema dulzura. «Pues claro, por supuesto» sentencia él, y precisa… «Fíjate: está lo de los toros (los bous que me diga) que al final van a terminar poniendo de moda; está lo de los descalzaperros continuos que montan los partidos (¿o las bandas?); o está (¡joder, hasta pudor me da decirlo!) lo de la contrarreforma laboral donde se está haciendo un apaño tal que, viéndolo al bies, cualquiera (y los esclavistas no digamos) podría plantearse lo siguiente: preveo, y no voy a equivocarme, que tendré pérdidas; e intuyo, y ya me ocuparé de no equivocarme, que no obtendré los beneficios que esperaba…: …¿si me despido me salgo gratis o gano dinero?…
Mucha tela que cortar, pero que mucha mucha… Pero va a ser que no… Al menos en este instante. El mejor de los instantes para efectivamente morderme la lengua a ver si me enveneno de una puta vez… Será, eso sí, después de trasegarme esta birrita y otra docenita después.
A cuidarse!!!
(PD: ¿viste como al final escribí?…, no tengo remedio ni hay cura…, pero voy a probar con el veneno a ver qué pasa…)