Que no quiero verlo…

a-las-cinco-en-punto-de-la-tarde-o-fue-a-las-7A las cinco en punto de la tarde (¿o fue a las 7?) Charolito se abrió de capote enfrentito justo del gran maestro granaíno, y después de un emotivo «va por uzté, artizta» desplegó todo un repertorio de lances preñados de purito sentimiento. Al fondo, en las afueras del albero, una guitarra tañía por peteneras y el eco de un cante rasgaba el aire al compás del «ni olvido, ni perdono»… Esta fue la faena, y así fue…la faena…

 

 

 

 

¡Que no quiero verlo!
Dile a la luna que venga,
que no quiero verlo,
que no quiero ver su sangre
sobre la arena.

¡Que no quiero verlo!
¡Que mi recuerdo me quema!
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña,
y decidles sin decidles
que de la corná prende una estafa!

Por las gradas sube él
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.

¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
No hubo príncipe en el foro
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.

¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.

No.
¡Que no quiero verlo!
¡¡Yo no quiero verlo!!
¡¡Ya no quiero verlo!!

PD: con el permiso de Lorca, a sus pies siempre «majestá«.

A cuidarse!!!