Macarrismo
Cuando Charolito entra en el garito, un loro bufa en una esquina la voz quebrada de Sabina: «macarra de ceñido pantalón, pandillero tatuado y suburbial, hijo de la derrota y el alcohol, sobrino del dolor, primo hermano de la necesidad…»… De la otra esquina también regurgita otra copla: «soy un macarra, soy un hortera, voy a toda hostia por la carretera…»… En mitad de la barra, desparramado, un tipo bien parecido mira retador a todos cuantos tiene a tiro y retorciendo el gesto les grita: «venga, de uno en uno…, venid que os voy a degollar a bocaos…, ¡vamos, de uno en uno!».
Charolito no da crédito: nadie le ha hecho nada al macarra, más bien todo lo contrario porque le han dejado estar en el garito y no de cualquier forma ni como uno cualquiera. Charolito conversa con el encargado del local: «¿y este tío de qué va?», pregunta; «ni puta idea colega, perdió la cabeza el mismo día que le dejamos sitio: se atrincheró, se lió a guantazos con todos los que estaban, no paró de insultar a todos los que pasaban por la puerta, fostió a los que le miraban y no porque no se fiara sino porque creía y cree que van a por él, escupió tan a destajo que hasta lo hizo p’arriba y le cayó en la cara abofeteándose a sí mismo…»…; «¿y de dónde venía, antes qué era?, preguntó Charolito…; «vino en plan mesías desde otra tabernilla donde los cuatro parroquianos, a los que tenía engañaos, le apreciaban tanto que hicieron que se lo creyese hasta el extremo de que estudió contorsionismo labial llegando a conseguir besarse con sus propios morros: llegó sobrao y de sobrao»…; «¿y ahora esto porqué?», inquirió de nuevo Charolito…; «pues ni él lo sabe, fíjate que después de amagar a los más altos ahora le ha dado un subidón de macarrismo y ha decidido morder, e intentar quemar y amputar grandes manos…, vamos que se ha embolingao tanto de soberbia que se ha convertido en kamikaze y encima está tan feliz porque le han dicho que kamikaze es viento divino…»…
Charolito, convertido en un manojo de alucinación en grado máximo, decide irse del garito engrosando el éxodo de parroquianos. Él y ellos esperan y desean una reacción fulgurante y firme del dueño de la taberna so pena de no volver nunca jamás de los jamases. Desean, él y ellos, que se vea tan claro como lo ven, él y ellos, que el macarrilla («…venga, de uno en uno…, de uno en uno si sois valientes…») está trabajando para la competencia descarada y espúriamente.
De fondo, entre las macarrónicas bravatas «…venga, de uno en uno…», el loro sigue bufando: «que no se mueva nadie has ordenado, y ya van quince atracos en un mes… La pasma va pisándote el talón, hay bronca por donde quiera que vas… Una noche que andabas desarmao, la muerte en una esquina te esperó, te pegaron seis tiros descaraos y luego desangrao te llevaron al piramidón. Pero antes de palmarla se te oyó decir: «qué demasiao, de esta me sacan en televisión»…
A cuidarse!!!
PD: si además de haberlo leído quieres escucharlo, pincha aquí. Y después, la música: güena güena…