La presunción de veracidad es fascismo

Hace tiempo que tenía ganas Charolito de meterle mano a este despropósito y acaba de ponerselo en bandeja Esperanza Aguirre aprobando su Ley de Autoridad del Profesor. Es de momento un anteproyecto pero recoge un apartado abyecto y de preocupantes consecuencias llevado a su grado extremo: “los docentes gozarán de presunción de veracidad y su palabra tendrá más valor que la de un ciudadano de a pie”.

Vaya por delante el máximo respeto y aprecio (y solidaridad) con los docentes que no tienen culpa de que exista ese desvarío de ínfulas fascistas llamado presunción de veracidad del que también gozan las Fuerzas de Seguridad. Su mera existencia es inconcebible en un sistema democrático porque fulmina o deja tullido el principio de la presunción de inocencia. Siendo así, y la posibilidad de que lo sea es muy muy alta, estaríamos ante algo anticonstitucional, con lo que parece tan lógico como obvio que alguien debería hacer algo.

Pongamos un suponer (o dos).

Imaginemos un/a profesor/a que, afectado por un cortocircuito psiquico-sexual, le da por meter mano (dejémoslo ahí) a un/a alumno/a. Imaginemos que el/la agredido/a lo denuncia y que sus padres hacen lo mismo. Y supongamos que el/la agresor/a lo niega de plano. ¿Qué ocurre si disfruta de la (muy fascista) presunción de veracidad, y por tanto su palabra tiene más valor que la de un/a ciudadano/a de a pie? ¿Te lo imaginas? ¿Y es tolerable o por contra hay que rebelarse contra ello sin piedad?

Eso en el caso de un/a docente. Imaginemos ahora otro suponer con un… pongamos con un guardia civil de tráfico. Vas con tu coche, te para porque por ejemplo no diste al intermitente, y se dispone a multarte. Resulta que tienes un mal día y te encaras y te pones farruco. Y resulta que el del otro lado tiene también un mal día y se pone más chulo todavía. Tanto que, para cojones los suyos y además lleva pistola, dice y afirma que le has amenazado de muerte y que casi hasta le agrediste. El asunto llega a mayores y a ver qué haces porque él tiene presunción de veracidad con lo que tu palabra valdrá una mierda y serás no inocente hasta que se demuestre lo contrario sino culpable hasta a ver si puedes demostrar lo contrario, lo que será misión imposible a no ser que te “pasen” una dosis de presunción de veracidad… Y ni aún así.

Son sin duda ejemplos (o suponeres) extremos pero son también posibles y por ello indecentes, impresentables, intolerables, y antidemocráticos. Algo debería de hacerse y con máxima urgencia. Charolito está tan convencido como podrías estarlo tú, de que Hitler también gozó y disfrutó de la presunción de veracidad y si decidía que “aquel” era judio y había que gasearlo se le gaseaba y punto. Él también tenía y ejercía la presunción de veracidad. Una fascistada se mire como se mire. Entonces y ahora, aunque sucede que ahora hay democracia… o debería haberla.  

A cuidarse!!!

 


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