Alivio ya hay, lo que hace falta ahora es ilusión

Ni más ni menos que dar ilusión, provocar ilusión, crear ilusión…, fabricar ilusión. Menudo reto. Y además endiablado porque en un descuido se puede confundir ilusión con ilusionismo y entonces sí que la cagaste.

Sea como fuere, es de lo que se trata y no es nada fácil. De hecho con las palabras no basta por muy bonitas que sean y muy envueltitas en papel cuché que se sirvan. Tiene que haber más que palabras e incluso más que números. Tiene que haber un plan desde luego, pero lo que tiene que haber sobre todo es una forma de ejecutar ese plan, y que sea realista y posible pero sobre todo construible entre todos. Es decir, que todos se sientan partícipes y protagonistas, que todos se sientan del equipo y jueguen en equipo para conseguir el objetivo.

Y ahí está el quid de la cuestión: hacer que todos se sientan equipo. Darles importancia y hacer que se sientan importantes. Darles referentes claros y no decisiones bamboleantes más que confusas. Línea y no doctrina. Participación y no sólo acompañamiento, todos a una y no todos en una. Orgullo y no subordinación. Debate y no coro ni rondalla. En definitiva, que todos sepan a qué se juega y que puedan explicarlo, que se tengan (porque se han dado) argumentos para explicarlo, y que se haga porque se sientan parte y no comparsa.

Es el reto sin duda, y lo peor/mejor-mejor/peor es que está ahí disponible para el que lo sepa-pueda-quiera acometer. No hay otra que fabricar ilusión y no ilusionismo porque de alivio está más que servido el tiempo en que estamos, con el agravante de muy alto riesgo de que el alivio cuando empieza a ser crónico no genera ni siquiera agradecimiento. El alivio se usa y punto, y por mucho que se estire y que dure, nunca será eterno porque de alivio no se progresa y el alivio siempre se instala en las antípodas de la felicidad. 

Como dice Charolito, “no me des alivio, dame ilusión”. Qué fácil se dice, qué difícil se hace.

A cuidarse!!!

 


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