Un Tiro De Espejo

bxp137715hEste era un relato náufrago. Ya no.

Cuídate!!

«Soy un asesino. Acabo de matar a tres personas. Bueno, matar quizá se quede corto: les he reventado los sesos. A sangre fría. Y porque sí. No les conocía, no me habían hecho nada y nada habían hecho, no tenían un porqué ni eran absolutamente nada convertible en motivo. Y les he volado la cabeza. Pum, pum, pum…, tres tiros, tres cadáveres. Y por la espalda, sin mirarles la mirada. No debo decir que no les eligiera. Bueno, sí puedo no decirlo porque les escogí. Casi al azar pero no del todo porque a cada una de mis víctimas les implanté el porqué de su muerte. Y hecha la ficha, hecho el difunto.

1 bisLa primera presa que designó mi dedo hambriento de gatillo fue un orondo portero de finca provincianamente uniformado que hacía guardia pitillo en boca en el quicio del portal que custodiaba. Él no lo sabía, y yo hasta ahora tampoco, pero llevaba la muerta escrita en cara: aplastada en pómulos y mofletes, estirada en frente y mentón, nariz porcina ligeramente enhiesta, soplillos en posición de “listos, ya”, boca pequeñaja incrustada en una mueca de sorber, ojos minúsculos al fondo del profundo pozo de unas gafas, cabello arrebolado, zaino y grasiento. Elementos todos ellos, ni uno se salvaba, merecedores de asesinato. Pero, lo que es el destino, el precadáver aún arrojó otro motivo flamígero a mi volcánica ansia de matar, otra razón más para pasaportarle de inmediato a la fase de interfecto: haberse blasonado el bolsillo pañuelero de su raquítica americana color gris ratón con la gama completa de los repugnantes y monótonos bolígrafos BIC. Cuatro llevaba el pollo, la cofradía completa: dos BIC naranja y dos BIC cristal; uno azul, otro negro, el tercero rojo y el último ¡verde! Todos bien pinzados en el ribete como cuatro penitentes de capirotes descapullados. Vergonzoso, pero sobre todo provocador en grado extremo. Tanto que le costó le vida.

2Esperé pacientemente impaciente a que entrara uno de “sus amos”, y sabiendo que en aquel barrio postinero la entrada del “señor” es servilmente reverenciada por los porteros, me aposté junto al portal. Al momento llegó el momento y el pájaro, rastrero cual esclavo, se puso de espaldas a mí enseñando la muerte tatuada en su nuca. Provocación en grado extremo. ¡Pum! La bala le entró por el bulbo raquídeo, que juraría que la absorbió con fruición, y le salió por la boca, que juraría que la relamió, llevándose por delante incisivos y caninos superiores e inferiores. El portero, de nada le conocía y nada me había hecho, acababa de convertirse en cadáver mientras una ensalada de sesos y cuajarones de sangre empezaba a orlar su asqueroso careto.

2 bisLa segunda presa apareció al momento y en la misma calle. Fijé mi diana en ella en cuanto la vi acercándose majestuosa a un monumental y lujoso portal. Fue un flechazo y como todo buen flechazo fue ya y ya sin dejarme ni tiempo ni espacio para situar correctamente figurantes, escenario y puesto de tiro. Digo yo si sería una llamada de la sangre, una llamada a voces, pero como ni puta idea tengo de esa materia prefiero pensar que fue una señal, y como ya se sabe que a las señales no hay que hacerlas esperar pasé rápidamente a la acción.

Era alta y vaporosa, de una delgadez rayana en la transparencia y una palidez que teñía de albino su caucásico rubio. Caminaba tiesa como una vela aunque con el mentón ligeramente vencido a la derecha, fruto sin duda alguna del extremado peso de sus pechos reventones que requeteapretaba con un minúsculo sostén mostrando con descaro lo que más parecía un culo que el canalillo. Pudiera parecer lo contrario pero aquello era un adefesio totalmente descontextualizado que no conseguía disimularse ni con las aparatosas tetas ni con unas caderas que más que inexistentes era completamente cóncavas. Un bufé libre de ingredientes, en suma, para merecer, más que provocar, su ajusticiamiento inmediato.

4Parsimonioso a la fuerza de su compás observé sus trastabillados andares hasta la mismísima cerradura de su portón. Ahí me adelanté y ahí me ofrecí caballeroso a franquearle la entrada aunque no por razón caballerosa sino para cuanto antes tener su nuca a tiro. Ni dejé que se cerrase la puerta cuando allí mismo en el zaguán le descerrajé el tiro. Le entró por el occipital pero en lugar de salir limpiamente por el frontal, como mandan los cánones, la puta bala, frenada por la dureza de ese cráneo, debió entretenerse visitando los recovecos de aquella calavera, y tal debió ser la angustia por huir de allí que prorrumpió cual cañonazo esparciendo todos los sesos por aquella espaciosa estancia de altísimo techo y empedrado suelo.

3La tercera y definitiva presa la estoy viendo justo en estos momentos. Es un tipo moreno de unos 50 años. Está de perfil y de su rostro destacaría unas desarregladas patillas, una muy descuidada perilla, y un acanallado lunar en el pómulo derecho que me suena como si fuera mío y que fíjate tú por dónde va a ser el motivo de su muerte. El disparo será en la sien izquierda para pintar de color sesos este siniestro espejo en el que me veo a mí pero a ti no te veo».

 

…Y de postre…: suculenta selección musical. Con Ella FitzGerald, Oscar Benton, Nina Simone, Nat King Cole, Youn Sun Nah, Billie Holiday, Ray Charles, Cecilia Bartoli y John Fullbright.

 


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