Akelarre Camps

Pensó calzarse la chaqueta fantasia e incluso adherirse unos bigotes pero fue reconvenido para descartarlo, «para qué dar más pistas» le dijeron. Hizo caso aunque a medias porque bajo la camisa llevaba la fantasiosa chaquetilla y en uno de los bolsillos el mostacho. En ambos casos arrancó las etiquetas por si acaso.

Camps, al que hay quien le adjunta el alias de «el horchatero», se ciñó traje de paisano para presidir el akelarre que sus colegas, jefes y subordinados le han tributado a modo de desagravio. Dicen que lo necesita porque anda tocado, muy tocado, después de haber sido señalado directamente por el juez al que tanto quisieron cuando trajinaba sumarios que afectaban al PSOE pero al que ahora odian hasta más no poder porque les investiga a ellos. Entiende el protagonista y entiende su troupe que no se lo merecen ellos que son tan guapos y tan listos, que es injusto que se les rastree por supuestas fechorias que para ellos no lo son porque nunca han variado sus formas y maneras. Agraviados por tanto hacen causa común con forma de akelarre sin descartar incluso el vudú contra quien les pone en el disparadero.

Pedazo de morro, se mire como se mire, porque han sido ellos mismos los que se han situado en el punto de mira perpetrando, diremos presuntamente, gravísimos delitos. Fechorias, mangoneos y cambalaches de los que esquivan las explicaciones colocando los marrones a una panda que se define por sus propios alias: «el correas», «el bigotes», «el albondiguilla», «el pijo», «willy», «el gafitas», «tomás rotondas», «el chico de gabana», o «el horchatero». Menuda tropa, menuda panda… hasta recuerdan en nefasto a los geniales «golfos apandadores».

Y por cierto, y por último, por lo del akelarre, algunas preguntas para que las responda quien guste: con el acto de homenaje a Camps, ¿qué homenajean, el tráfico de influencias, los regalos, los mangoneos? No es homenaje sino akelarre, o, si acaso, un acto litúrgico titulado «alabamos estas formas de actuar que han sido desde siempre nuestas formas de actuar». Lamentable.


One Response to “Akelarre Camps”

  • vicente olaya Says:

    Me pregunto una cosa con mi más sincera inocencia. ¿Si se destapa que un político (Camps) recibe 12.000 euros en trajes (qué vaya cantidad de trajes se pueden comprar con 12.000 euros. Yo, el último que me compré hace un mes me costó 150 euros y está muy bien), pagados por una banda de presuntos corruptos (Correa y asociados), este político no tendría que dimitir? Y lo peor, ese político jura después por su «honor» que él pagó los trajes. Luego, se le pide que muestre las facturas, pero él replica que no las tiene porque pagó los trajes en metálico. ¿Conocéis a alguien que pague 12.000 euros en metálico, a no ser que sea dinero negro? ¿Pero este hombre no recibe su nómina mediante transferencia bancaria? ¿Qué hace?, ¿la saca cada mes del banco y la guarda en billetes de 500 para sus gastos? Y lo peor, de lo peor: su partido (PP)le apoya. No entiendo nada. Bueno, sí lo entiendo. Su partido comienza a atacar al juez (Garzón) que investiga el caso (que, por cierto, también es para echarle de comer a parte, pero no nos desviemos del caso, de momento). Y luego va un portavoz de ese partido (Trillo) y comienza a criticar al sastre (Tomás) al que el juez había tomado declaración, y luego resulta que el portavoz del partido también se hacía los trajes con el mismo sastre, aunque va y dice que no conoce al sastre de nada. Dan ganas de vomitar.
    PD: Dice el ABC que el sastre dejó un agujero de 500.000 euros en la tienda donde trabajaba (Forever Young) y que, a su vez, estaba conectado con la banda de Correa. Y luego va el juez y se pone a pegar tiros en una cacería con el ex ministro de Justicia (Bermejo) del que dependía el jefe de la fiscalía que acusaba a los del PP de recibir trajes. Mientras tanto, el juez (que había sido parlamentario del PSOE) se iba a Colombia o a Nueva York a cobrar conferencias, pagadas por un banco español, mientras todos los españoles le abonábamos su sueldo como si estuviese trabajando… Definitivamente, vomito. Pero con cuidado para no mancharme el traje, que me ha costado mucho pagarlo. Con tarjeta, claro.

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