La operación patxi

andale

 

Cuándo empezó todo no es cuestión intuible sino deducible y por tanto ciertamente obvia. Ahí están las hemerotecas, y el fascinante ejercicio de revisarlas con perspectiva para ahora poder encajar las piezas en sus moldes y éstos en el troquel. Nació tras las elecciones autonómicas vascas, se hizo mayor cuando aquel 12 de mayo, y dejó la casa del padre en el tórrido verano del primario no al padre.

Las autonómicas de un primero de marzo se saldaron para los socialistas con una dolorosísima derrota en Galicia pero a la vez con un histórico triunfo en Euskadi. Quizás lo lógico hubiera sido festejar casi sin fin lo vasco pero sin embargo, y con muchos porqués, lo que primó fue el dolor de la estocada gallega que fue el primer espadazo de Rajoy. Tan así fue que casi no se acentuó que se perdió el gobierno por la caída nacionalista ya que el PsdeG mantuvo prácticamente sus votos, en la teoría de que se necesitaría al bloque en otras cuitas. Entre tanto, en el otro escenario, con más alegría que euforia, se planteó, paradójicamente, el abrazo popular antes que el bastón peneuvista. Se planteó y fue lo que se impuso entre ostensibles muecas de contrariedad de quienes, embriagados aún por el aroma del éxito histórico, tomaron nota pero a lápiz. Una anotación en la página “no olvido” que tiempo después fue reescrita con tinta y subrayada y recuadrada en “esto sí que no” cuando por cuestiones de geometría parlamentaria se llegó al entendimiento y el acuerdo con los mismos peneuvistas no hace tanto rechazados. Un entendimiento y un acuerdo que implicaba, además del desaire, un adelgazamiento del ámbito de actuación. Se tradujo de inmediato como desconsideración y hasta casi menosprecio, y rumiándose eso un rato y otro rato y otro más se actualizó y amplío la anotación, ahora con tinta indeleble, con el “ni perdono”.

Por medio tuvieron lugar otros dos acontecimientos que fueron consolidando una operación que detonó por completo cuando el mencionado acuerdo llamado “de la salvación presupuestaria”. Uno de esos episodios tuvo lugar (¿o pongo acaeció que parece más solemne?) un día de mayo históricamente dolorosísimo para la mayoría, o la práctica totalidad, de quienes les votaron: la mano que mecía, meció, mece, ¿y mecerá?… la cuna tiró de cuchillo y clavándolo hasta la empuñadura del costado social lo rebanó a continuación para con los jirones componer la palabra “súper-ajuste”. Desangrándose y retorciéndose de dolores las preguntas que se amontaban al instante se convertían en afirmación: se pudo haber hecho de otra forma, se pudo haber hecho antes, se castiga menos a los que merecen mayor castigo, se hace lo que hubieran hecho los otros con lo que se les hace el trabajo sucio……….. Y así un largo etcétera que crecía y crecía, por dentro y por fuera-hacia adentro y hacia afuera, espoleando (o a la par que) la operación que así acababa de hacerse mayor.

Conviene reseñar y resaltar en este punto que la tal operación tiene un protagonista principal pero también unos cuantos y relevantes protagonistas estelares y actores no de reparto sino destacados. Intérpretes destacados todos ellos que entre bambalinas pergeñaron con denuedo con el ánimo inequívoco de terminar perpetrando.

Subrayada la acotación, consignemos el otro episodio apuntado que aún no protagonizado por el protagonista principal sí que supuso que la operación dejaba la casa del padre. Ocurrió con agostidad sobre la lava asfáltica madrileña y tuvo como ariete y peón de confianza a quien ejerció de avanzadilla para el primario no al padre. Ejerció de portavoz y su voz entonando el inesperado, osado y retador no desencajó los pernios de puertas y ventanas con tal virulencia que en el mismo instante de producirse las luces rojas de alarma que hacía parpadeaban se quedaron encendidas ya permanentemente. Llegó además en ese avatar el momento de reagrupar apoyos y articular unas infanterías que se lanzaron a expandir y sustentar la operación invocando los conceptos gente, pueblo, sin padrinos…, y llegando incluso, otra vez con el mismo ariete, a intentar descabezar o desdibujar símbolos e iconos de por ejemplo el municipalismo. Un ataque este por cierto que derivó en una contraofensiva finalmente frustrada en tanto que se fijó con todos los beneplácitos un objetivo para enseguida darse cuenta que ese objetivo no era más que el señuelo. Fue justo ahí cuando se hizo la luz y se vieron ya a las claras todos los cimientos de la operación. Unos apoyos vitales que fueron consignados y ratificados a modo de recuento de efectivos sin parte de bajas concluyéndose desde fuera y al tiempo desde dentro que el protagonista principal los tenía en el centro, en el norte, al este, al oeste, en el norte nuevamente, en el centro de nuevo…

Así se gestó, nació, creció y se independizó (porque decir autonomizó suena mal) esta operación cuyo último capítulo, “me postulo”, está viéndose justo en estos momentos. Momentos tan sumamente confusos y de consecuencias tan imprevisibles como que las ganas ganísimas de ajustar cuentas, por necesidad o hartazgo o desencanto u obsesión, han llevado a muchos a hipotecar por completo sus próximos cuatro años poniéndolos en manos del más antagónico de sus adversarios.

A cuidarse!!

NOTA: podría ser un relato de política-ficción… O no.

 


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