Mayorales y señoritos

mayoralHay pocas cosas más tristes, lastimosas, cuchufléticas y risioneras que un mayoral venido a señorito, venido a cortijero. El mayoral, se ponga como se ponga, siempre será mayoral, y aunque se han dado casos de episodios pasajeros de tales arrebatos, ninguno como el que nos ocupa (y preocupa).

Un caso singular en tanto que su protagonista ejerció siempre de severo e implacable mayoral con sus colegas y sus empleados, practicando lo que se conocerá como mayoralitismo señoritil, y ahora se ha empecinado en negar mas que ocultar tal evidencia para intentar hacerse con las llaves del cortijo; esas que esconde en la enagua la señora.

Para conseguirlo, clama, exclama, proclama y reclama ser el guardián del mayoralitismo puro, ese que nace en las mismas entrañas de la cosa, ese que se forja -clama, exclama, proclama y reclama- en lo más abajo de abajo y que sólo lo forjan los «abajeros». Dice y repite (y clama, exclama, proclama y reclama) que todo será distinto porque él es distinto y que todo se hará para y por los «abajeros». Los mismos con los que practicó y practica el  mayoralitismo señoritil.

i1Pero saben «los abajeros» y deben saber los demás, al margen de que ellos lo cuenten y lo canten con valor sincero, que aunque efectivamente no será lo mismo por fuera, por dentro será igual o peor. Porque hay pocas cosas más tristes, lastimosas, cuchufléticas y risioneras que un mayoral venido a señorito,que un mayoral venido a cortijero.

 

A cuidarse!!