PSM
“Ahora vengo yo, a cantar distinto”…, rumbea Gato Pérez y la estrofa le va como anillo al dedo a la esencia de conclusión del mano a mano librado por los dos candidatos a la secretaría general del PSM en la ventana casaliana de la SER: el aún titular Gómez y la de momento aspirante Sánchez. Quién ganó es pregunta para los elegidos a elegir este fin de semana y la respuesta al quién ganará sigue aún escrita en el aire. Cómo fue sí es cuestión de amplio espectro y múltiples prospectos, y otro tanto de lo mismo es el jugar al análisis. Juguemos en todo caso sin necesidad ni ganas de prescripciones ni recetas ni pócimas ni componendas ni disimulos ni peajes ni nada de todo cuanto encorseta y traviste a los que deben o deberán o quisieran tener que deber.
Repasado el duelo, lo más llamativo y paradójico, y hasta chirriante, es que el aún titular olvidó dándose perfecta cuenta de ello, es decir intencionadamente, la tercera de sus siglas (la “eme”) de tal modo que habló del PSOE pero no del PSM cosa que sí hizo, hablar en “peseeme”, la de momento aspirante. Dicho de otro modo: ésta habló madrileño y aquel en… no ya en nacional sino en planetario. Error sin queriendo de tiro, quizás porque aquí ya ha pegado muchos tiros, demasiados tiros. No contento con ello, e imagínese sin dificultad que poseído por vaya usted a saber qué galácticas intenciones (pero póngase en lo peor), mientras la de momento aspirante encadenaba un motivado manojo de contradicciones en la bamboleante gestión del aún titular, éste acentuaba contradicciones de gestión de quien hasta hace bien poco fue su jefe y un poco antes su mentor. Significativas actitudes e ilustrativos intereses y posicionamientos.
Así quedó perimetrado el escenario y así quedaron fijados los posicionamientos e intereses de cada cual. Todo muy evidente e indeleble, y a partir de ahí algún que otro detalle subrayado en la libretilla y también, siempre en el mismo contexto, clarificador y relevante respecto a lo que hay en juego en este lance.
En una mitad del escenario, raca-raca y raca-raca en constantes y conocidos estribillos con ritmo de letanía. En la otra mitad del escenario, brisas de aire limpio y sin duda diferente al compás refrescante del “…a cantar distinto…”. Una buscando cómplices sin aspavientos, el otro reclutando adeptos casi como si de un sobrevenido “pasaré lista” se tratase. Lo de siempre (léase en dialecto “sobrado) y lo distinto (conjúguese la declinación de “cambio”.
El pulso (¿quién lo ganó? ¿quién lo ganará?) concluyó, oh sorpresa, con un episodio tan clarificador o más que los reseñados. Echada en el tapete la carta del modelo de partido, quien jugaba de mano no tuvo otra, acuciado quizás por el “tengo que ser distinto”, que proponer justo justo justo todo lo contrario de lo que ha hecho y no se ha hecho en los últimos años, elecciones al margen (el algodón no engaña). El renuncio era tan evidente que no resaltarlo hubiera sido no ceguera ni siquiera, llegado el caso, compasión, sino una necedad. No la hubo, ni la ceguera ni la necedad, y al ser señalado aquello, más compasiva que tímidamente, quien jugaba de mano, el aún titular, cazado en el error y preso de él y rehén de su pifia, terminó, las vergüenzas al aire, oponiéndose a sí mismo.
Y ahí queda y así termina este jugueteo sobre lo que pasó una tarde en la radio. Para qué haya servido y en qué quedará finalmente se sabrá en unas horas, lo mismo para entonces nos vuelve a apetecer juguetear.
A cuidarse!!
Música: Gato Pérez








