Muerto estás cabrón y ahora púdrete en tus infiernos, en tu puto vómito de mierda y cieno, al pil pil de tus vísceras de cicuta y arsénico. Sufre en el averno de la tortura, la indiferencia y el olvido. Consúmete en el dolor más extremo y ojalá lo hagas muy muy despacito para que te dé tiempo a saborear cada molécula de la hijoputez de que estuviste hecho y para que nos dé tiempo a disfrutarlo segundo a segundo con absoluta delectación. Púdrete cabrón, púdrete hijo de puta, púdrete hijo de Satanás…
Viniste tocando los güevos y enseguida te convertiste en lo que has sido, un hijo de puta, trayéndonos a don cé. No pudo con nosotros sino nosotros con él pero nos hizo daño, mucho daño y mucho dolor. Nos tuvo combatiéndole demasiado tiempo, excesivo tiempo, y tuvimos que emplearnos tan a fondo que casi perdimos hasta las reservas de energía. Ahora te vas tocándonos también mucho los güevos, pero te vas, te mueres ya y ya empezarás a pudrirte. Y lo celebraremos como si fuese la fiesta más grande que jamás hubo porque si te hemos vencido cabrón sabemos que venceremos las semillas de incertidumbre y desasosiego que sabemos has dejado plantadas. Acabaremos con ellas, no lo dudes, porque de hijo de puta que has sido nos has hecho fuertes, y porque por muy dañinas que fabricases esas putas semillas nosotros hemos labrado y cincelado balas, proyectiles y munición llenas de inmenso poderío, construidas desde las mismas entrañas del alma y fabricadas con un tesón ya inquebrantable por siempre jamás.
Que te den, puto 11!!!! Y que llegue ¡ya! el 12 que nos lo vamos a comer por lo pies.
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Permítanme que lo dude…
Y mientras lo hago, voy a perderme un ratito en el bulevar de los sueños rotos de la mano de Blas de Otero y en compañía de Robin Nolan Trio, Miles Davis, Ornette Coleman y Bill Frisell, y Ry Cooder…
La boca le sabía a turrón y eso le encabronaba tanto como le jodía, especialmente en días como estos en los que debería saberle a sangre. El cuerpo le pedía flamenco pero todo le empujaba al baboso villancico que por otra parte era lo que de forma insistente, cansina, agobiante, desquiciante e impenitente salía a chorros por el altavoz de la radio. Además, por ni se sabe qué año consecutivo, tampoco (éste) le había tocado la lotería. Ninguno de sus planes, propios, o ajenos pero gustosamente apropiados, le salían. Temía convertirse irremediablemente de un momento a otro en un asesino en serie. Bueno, no estaba convencido de si lo temía o en realidad lo necesitaba y ansiaba. Era, ¡¡otra vez lo mismo!!, navidad.
A cuidarse!!
…y más que feliz navidad, que… bueno, vale, también…, ¡mucha suerte en 2012!…
Salió ataviado con un terno verde cicuta de cuyas hombreras colgó, a modo de caireles y alamares, racimos de problemas, complicaciones, desdichas y desgracias varias. No tuvo que buscarlas porque él era un saco rebosante de esos especímenes, y se las puso con toda la intención convencido de que siendo el día que era y haciendo lo que iba a hacer era muy posible que algún mal de ojo o algún mal fario se cebase en ellas hasta neutralizarlas.
Pinturero y garboso serpenteó su palmito por la trenza de callejas y pasadizos que desembocaban en el puerto. En contra de su costumbre sólo hizo una escala de repostaje y avituallamiento: la taberna de Ole (gario, también taurino). En lo que se tarda en cortar una rodaja de chorizo se trasegó de un viaje el botellín que le aguardaba bien frío desde que asomó por la puerta del celler. Del transistor burbujeaban gorgoritos pitingueros…, “noosotros…”, que catalogó como de extrema insipidez puesto que nadie bufaba pero tampoco nadie tarareaba. Cogió el periódico y al tiempo que se acodaba en el velador del fondo a la izquierda reconvino al cantinero que no más rubia sino chispazo de orujito blanco. También hizo intención de reprobarse a sí mismo para no pensar según ojeaba la prensa. No se hizo caso.
De cuantas noticias importantes que anegaban mancheta y secciones excluyó las económicas para no acrecentar la colitis crónica y crítica que desde hacía meses y más meses padecía, y pasó por alto también porque le removerían las bilis las referidas al yernísimo de la realeza. Intentó leer en diagonal las que sí le interesaban este 13 en la confianza de que así no pensaría. No pudo. Sobre la de Paco trajines elucubró que con su condena, y en el nuevo tiempo, se diluiría o diluirían todo lo demás de ese sumario con nombre de correa. En cuanto a la de los primeros nombramientos del timonel del nuevo tiempo, su neurona más revoltosa y enrededadora coligió, o mejor barruntó, movidilla, cuando no movidaza, en las prietas y recias marciales filas ya que a juicio de la tal neurona insertar al frente de la tercera institución a un inquinielado podría traducirse en que se tiró por un “calledeenmedio” para evitar geiseres en otros que sí sonaron para el sillón pero que prefieren otros ( y hay un güevo, más allá de ministriles: desde secretarías de estado hasta cancillerías) y podrían haber amenazado con entrar en erupción si les era desbaratadas ilusiones, aún sabiendo que lo mismo terminaban en ilusionismos.
Viendo que se perdía y desmadejaba, y que el desmelenamiento ya apuntaba maneras, se pimpló el tercer chupito, se levantó como un resorte, se atusó terno y adornos, y se echó de nuevo a las calles. Desfilando a paso firme y legionario, y convirtiendo su destino no en destino sino en fijación, bocetó citar a su chica junto al muelle trece para embarcarse juntos rumbo al nupcialismo en el mismo centro de la mar océana. Total qué más le daba: si nadie atendía sus irreflexiones y antidisertaciones ni nadie atendía tampoco sus comunicaciones, nada mejor que tentar del todo a la suerte porque la alternativa, la única que vislumbraba en su grisura espiritual y espirituosa, era comprarse un décimo del trece el día trece y martes para usarlo cual filo afilado de florete o herrumbrosa cuchilla de barbero mientras gritase no aquel histriónico “fuera desperdicios” sino un estertóreo “fuera problemas, complicaciones, desdichas y desgracias varias”.
Feliz martes 13. A cuidarse!!
Música: Chavela Vargas, The Rolling Stones, Zenet y Amy Winehouse.
De las babas que cuelgan de las fauces de la crisis han ido goteando como cuajarones palabras que según caían las iban transformando en tragedias travestidas en apocalipsis…; conceptos codiciosamente alterados hasta su transmutación en catástrofes, desastres, calamidades, hecatombes, o cataclismos…; órdenes, decretos, ultimátum y en suma condenas que golpean sin piedad ni miramientos en los charcos del desconsuelo…: mercados, primas de riesgo, agencias de calificación, recortes, operaciones de rescate, control del déficit…, y ahora, la última, ¡¡ahora!!…: refundación.
Hace unos días, camino casi de semanas, la pusieron en circulación. Primero como disimulando, sin aspavientos, casi de tapadillo. Después con fruición. Y ahora con una voracidad globalizadora de tal magnitud que no reparan en nada, ni siquiera en tradiciones, fiestas y calendarios al punto de refundarlos con tal sinsentido que el día de reyes podría celebrarse un 4 de enero o el primero de mayo un 29 de abril o la quintaesencia festera del 15 de agosto un 17 del mismo mes.
Refundar, refundación… El PSOE se ha puesto a ello forzado por la hemorragia incontenible de votantes pero parece que no terminan de encontrar el significado del término y en el entretanto se han puesto a llenar la marmita de nombres y métodos de elección de nombres en lugar de ideas, propuestas, proyectos, objetivos, ideales…, programa.
Refundar, refundación… El PP, engloriosado en el triunfo, parece haber descubierto de pronto que la realidad no era de los otros sino de todos, o ni siquiera sino global, y andan refundando aquellas propuestas que mostraron tras los visillos y aquel ignoto programa titulado “llego yo y sólo con llegar se arregla todo”. Ahora resulta que parece que ya no, aunque quien sabe porque ese “ya no” también tiene coraza de “ignoto”, y todo indica que habrián creado un comité de devanasesos a la búsqueda desesperada del cómo llamar B a lo que antes llamaban A sin que el personal se dé cuenta.
Pero eso no es lo peor. Refundar, refundación…, a Europa, de Europa. Ni más ni menos. Aunque más con menos que con más porque quien lidera enfebrecidamente esa obsesión es una señorona ayudada a modo de escudero por un pequeñajo. Tal frenesí tiene puesto en la tarea que la tal individuonaza reúne ya todas las características del adjetivo iluminado: “dícese del individuo de una secta herética y secreta fundada en 1776 por el bávaro Adán Weishaupt, que con la ciega obediencia de sus adeptos pretendía establecer un sistema moral contrario al orden existente en religión, propiedad y familia”. ¡Ahí es nada!… Pánico causa porque empieza a recordar en exceso a otro refundador de la misma nacionalidad, éste lo hizo a cañonazos y holocaustazos y ella a eurazo limpio que para eso tiene en exclusiva el botón de fabricarlos; aquel interviniendo castrense y marcialmente y ésta interviniendo bancaria y monetariamente… Interviniendo ambos y ambos sin piedad, refundando ambos y ambos sin misericordia que valga, volviendo a construir ambos (volviendo a construir que en este caso no es lo mismo que reconstruir) y ambos pregonando que es por el bien global de la globalidad (¿o por SU bien global de SU globalidad?). Tan es así la cosa que el escudero, lazarillo o comparsa de la señorona, el chiquitico, no ha titubeado repitiendo lo que oyó en casa minutos antes con el mandato, sí o sí, de repetirlo y pregonarlo: »somos la 1ª y 2ª economía de Europa; si no hay acuerdo entre Francia y Alemania, habrá enfrentamientos en toda Europa». ¡¡Enfrentamientos!!, dice el gachó…
Refundación: “acción y efecto de transformar radicalmente los principios ideológicos de una sociedad o de una institución para adaptarlos a los nuevos tiempos, o a otros fines”.
Vuelve a leerlo… “Refundación: dícese de…”… ¡Para para, detente!…, vuelve a leerlo pero elevando la voz y recalcando cada sílaba de estas palabras y conceptos, aprendiéndotelas, casi, no vayan a manipularlos y convertirlos para después manipular y someter. “Refundación: dícese de la ACCION y EFECTO de TRANSFORMAR RADICALMENTE los PRINCIPIOS IDEOLOGICOS de una SOCIEDAD o de una INSTITUCION para ADAPTARLOS a los nuevos tiempos, o a OTROS FINES.
Refundación y no borrón y cuenta nueva porque esa es la última carta y no controlan que no sea un as, ni mucho menos tienen asegurada la rentabilidad que sacie su ansia tan desmedida como compulsiva, tan desaforada como desmandada, tan espuria como malaje.
A cuidarse!!
Música de Itzhak Perlman, Asian Dub Foundation, Rosendo y Calle 13.