Esta crisis tan hijaputa que estamos padeciendo, en todas sus declinaciones y conjugaciones, podría tener, siendo generosísimos, una arista menos mala (aunque ya dijo Murphy que todo lo malo es susceptible de empeorar): nos está enseñando un puñaíto de cosas.
Nos ha enseñado, por ejemplo, que la voracidad de los mercados (y mercaditos) es tal que no sólo saquea bolsas y bolsos, y primas y primos. Es que además se papea ideologías, se cepilla principios, y lobotomiza pensamientos, convicciones y creencias, haciendo que el brazo izquierdo se convierta en el derecho y que el derecho se expanda hasta la derechosidad más extrema…; el brazo izquierdo hace lo que no querría pero lo hace y el brazo derecho se descojona viéndolo y se despelleja las manos de tanto frotárselas.
Nos ha enseñado (y nos enseña), por ejemplo, que transitan por ahí, fisgoneando siempre, un par de reinas sin reino que se mueven espasmódicamente al grito de “quien paga, manda”. Una es noble, de linaje y de actitud porque siempre dice lo que piensa guste o no guste. Otra es protestante pero no porque proteste sino porque tiene el don de provocar la protesta continua. Una dice que no recorta cuando poda. La otra, rayando todo el rato en el concepto cuasi frenopático “iluminada” dice que rescata cuando usurea.
Nos está enseñando también la diferencia entre recortes por imperativo crítico euromundial y recortes por obediencia ideológico-testosterónica. A unos se les obligó bajo insufribles amenazas de torturas financieras, otros lo hacen con tal entusiasmo que por más que intenten disimular para aplazar la exhibición de sus plumeros no pueden contenerse. Unos congelaron pensiones y bajaron sueldos públicos, los otros se fuman profesores y sanitarios, estrangulan boticarios, trituran sindicalistas con gula inquisitorial o se suben los sueldos de tapadillo. A unos se les ven todas todas las señas cuando juegan al mus, los otros son profesionales del trilerismo y de practicarlo a velocidad de neutrino. Unos dicen y repiten lo que harán agarrados cual clavo ardiendo a la esperanza (cuando no sueño) de reiulsionar, otros no dicen ni mu porque están tan “iluminados” (o empalmados) que creen que los demás saben que será bueno por una cuestión de fe y porque a la postre, como decía el maestro, uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras y ellos si de esclavos va la cosa tienen clarísimo que los esclavos son todos los demás.
Son algunos aprendizajes que posiblemente cuando leas esto serán exaprendizajes porque cada segundo nos enseña algo nuevo (y posiblemente amargo o ácido o empachoso o doloroso o…). Son días de escuela.
El tiempo es tramposo. Y también es trampero. Te lleva, te trae, te dice… “te acuerdas”. El tiempo te grita… “si fuera ahora”… Te convierte en el minúsculo habitante de tu inmenso retrovisor. Te proyecta hasta la misma frontera del “ojalá” y te lanza contra los tratados completos del plan, el proyecto, el objetivo, el deseo, el sueño…, el apagose!
El tiempo, tramposo y trampero, te monta en una vertiginosa montaña rusa y cuando te ha convertido en nada más que adrenalina te estampa contra un tirabuzón imposible que puso de repente a la salida de un súbito volantín. Después, con el corazón directo al colapso a la velocidad de la centalla, invierte bruscamente el sentido de la marcha hundiéndote en la misma entraña de la desazón, en el tuétano de la agonía.
El tiempo te afila convirtiéndote en bisturí de precisión capaz de diseccionar hasta tus propios sentimientos sin provocarte la más mínima sensación de dolor. Después, ya del todo vulnerable, te mella sin piedad hasta incapacitarte de tal modo que ya ni siquiera sirves para desbrozar.
El tiempo, caprichoso y diabólico, egoísta y cruel, tramposo y trampero, posee el don de saltar las alambradas y destruir las fronteras con las que laboriosamente blindaste tus neuronas, y, haciendo que te traicionen todos y cada uno de tus sentidos, te humilla con absoluta desvergüenza transportándote a la velocidad del neutrino una y otra vez, y otra más, de la ilusión al desencanto, de la gloria al fracaso, de la cima al abismo, del éxtasis a la depresión, del proyecto al cadalso, del sueño a la pesadilla, del frenesí a la miseria, del plan a la rendición.
El tiempo es tramposo. Y es trampero. Cada segundo que pasa te hace cien trampas, cada minuto que pasa te pone mil trampas. Y tú siempre caes, una y otra vez y otra más y otra… Siempre, irremediablemente… siempre.
Y si el sueño finge muros
En la llanura del tiempo
El tiempo le hace creer
Que nace en aquel momento
Mientras que aquí ya no nos queda espacio en el ojo para que nos metan más dedos , en Grecia ya no hay sitio para más estocadas travestidas de rescates. Un alto cargo del gobierno heleno remitió e a Charolito hace unos días una terrorífica previsión (o augurio) que aún ya conocida no ha tenido un especial recorrido informativo por la voracidad de los especuladores, trileros, mercados y mercaditos: «Grecia despedirá a 20.000 empleados públicos».
Este es el texto completo de su carta.
«Según el Ministerio de Finanzas, se verán afectados trabajadores de 151 empresas estatales. Entre ellas se encuentran los medios del Estado, el metro de Atenas y el ferrocarril.
En un documento del mencionado ministerio, se indica que los directores de las compañías afectadas tendrán que presentar en las próximas dos semanas un listado con los empleados que serán enviados a la «reserva de trabajadores». Y también se llevarán a cabo prejubilaciones.
El mecanismo de «reserva» supone que los empleados incluidos en ella recibirán durante un año el 60% de su salario, y luego serán despedidos. Cada empresa tendrá que aplicarlo con «al menos el 10%» de su plantilla, y el grueso de los despidos afectará a los departamentos de administración.
De acuerdo con los cálculos de los medios de comunicación griegos, en ese país hay alrededor de 200 mil empleados públicos, por lo que la medida afectará al menos a 20 mil de ellos.
Ésta era una de las medidas que reclamaban los expertos de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional como contrapartida para liberar las ayudas a Atenas».
Terrible. ¡Y lo llaman operación rescate!
Claro que aquí Esperanza Aguirre se fuma a algo más de 3.000 maestros y niega por activa y por pasiva que sea un «recorte». ¿Terminará también llamándolo rescate?
A cuidarse!!
Comentarios desactivados en Grecia: 20.000 empleados públicos al paro
Antiguamente desprendía olores épicos, heroicos. Ahora empieza a soltar un tufo a vergüenza, humillación, conquista, tortura, dominación, claudicación.
«Rescate: recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido, y, por extensión, cualquier cosa que pasó a mano ajena. Liberar de un peligro, daño, trabajo, molestia, opresión…».
Hace tiempo (no tanto aunque parezca que ha sido hace demasiaaaado tiempo), una operación rescate era una cruzada con mucho (o con casi todo) de espíritu robinhoodiano, una misión posible que engrandecía a quienes la llevaban a cabo por el derroche infinito de agradecimiento y admiración de quienes eran rescatados.
Ahora una operación rescate es un negocio para los rescatadores. Ahora los rescatadores son mercaderes. Ahora que te rescaten es que te conquisten y te tengan bajo su yugo usurero durante generaciones. Ahora pedir rescate es una lacerante humillación y una vergonzante claudicación. E intuir que pueden venir a rescatarte o que están llegando a tu rescate es como abrirte el pecho tú mismo, pintar una diana en tu corazón y cogerles el cuchillo y clavártelo tú mismo. Ahora pedir rescate es llamarte mierda e inútil, es mostrar todas tus miserias presentes y futuras, es vender tu alma de por vida.
Antiguamente un rescate era una epopeya, ahora un rescate es un filón atestado de suculentos dividendos.
«Rescate: apropiarse a billetazos de todo lo que le quede al enemigo, y que ya no nos reporta beneficios, para trapichear con ello y asfixiarle de por vidas. Inyectar opresión, esclavizar durante mil milenios…».