Ago 31 2011

Mercadito se da al estramonio

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Mercadito se ha hecho mayor. Así como sin darnos cuenta, ya es un hombrecito. No te digo más que este verano ya estuvo haciendo sus pinitos a nivel de prácticas. Y la verdad, no le salió nada mal, demostrándonos que no fue una inversión a fondo perdido el pastón que nos gastamos en su formación teórica ni el superpastón que nos costó su supermaster entre tiburones, alibabases, mengeles financieros, soroses, merkeles y sarkozyes, y demás insignes prebostes de nuestra patria TopamiTúmuérete.

Por referirte tan sólo un ejemplo, te diré que en agosto se lo pasó teta con sus primas enreda que te enreda mañana, tarde y noche. La liaron parda, sobre todo en España e Italia, y fue tal el orgasmazo en que se instalaron que hasta amagaron cornadas al Obama. Una delicia chica, ¡qué risas que nos hicimos!  Sobre todo por lo estupendamente bien que se cebaron con el zapatero ese, el de las cejas picudas, al que hasta dejaron sin vacaciones, ¡el tipo no daba abasto con la prima rubia por aquí, la morena por allá, la pelirroja por los bajos, la castaña por los altos!… Jajajajajaja, qué fuerte chica… Y mi Mercadito no veas…, resulta que se puso un poco celosón con los magreos de sus primas al español de marras y después de pegarse un repasazo a los apuntes merkelianos, y más cabreado que una mona, hundió el estilete hasta la empuñadura en esa asquerosidad que llaman piel de toro haciéndoles modificar su constitución… Jajajajajajaja, ¡¡cómo es mi niño, si es que me lo como a besos y a bocaos!!

Y todo eso cariño pasó hasta mediados de agosto. Después, como premio al chico, que se lo había ganado, le dejamos un poco de manga de ancha para que hiciera lo que le diese la gana y cargase pilas antes de que llegue septiembre en que habrá muchísimo que… trajinar (fíjate que iba a haber puesto afanar, en qué estaría pensando)… Bueno, el caso es que le dijimos que se tomase un descansito y la verdad chica es que en qué hora porque ahora estamos muy preocupados.

2Resulta chica que primero se quiso ir a Libia para arramblar con todo el petróleo antes de que, según dijo, se lo queden, se lo beban o se lo inyecten los desarrapados que le han robado la vida y el país a nuestro Gadaffi. A su padre le pareció peligroso porque hemos vendido allí tantas armas y a tantos que están todas (y todos) tan descontroladas que ya nadie conoce a nadie y es demasiado arriesgado. El caso es que Mercadito se enfadó mucho muchísimo y para vengarse se dio a un brebaje, del que aún no tenemos la patente pero estamos en ello para distribuirlo a gran escala, que vuelve a la gente más tonta de lo que ya es y la hace más manejable para nuestros intereses, y que se llama estramonio o algo así. El caso es que parece ser que se bebió una botella entera y no hemos vuelto a saber de él. Vino a casa totalmente enloquecido, cogió un montón de dinero, y hasta hoy. Su padre está preocupadísimo, teme más que a un nublado que la vaya a liar gorda gordísima en cada billetera que encuentre a su paso, especialmente las oficiales, y que no nos reporte ningún beneficio.

En fin chica, que no sabemos. Mi marido ya dio órdenes para que se arranque todo el estramonio ese y se almacene en un par de nuestras fincas para empezar a procesarlo. Así de paso Mercadito no encontrará más brebaje. También ha hablado con sus primas para que bajo ningún concepto le hagan caso pero teme que las embauque con la cosa esa y que líen la mundial ahora en septiembre… ¡¡¡Ay mi Mercadito!!!

En fin chica, te dejo, voy a darme un chapuzón. Ya te seguiré contando. ¡Un besazo corazón!

 


Ago 30 2011

El viaje de Ittra a Natalia

ferrocarril-de-cremallera-en-suizaSalió de casa un jueves de agosto cuando el calor fundía los termómetros y derretía el asfalto. Iba en busca de su amada, la chica de sus sueños, la mujer de su vida.

Así lo llevaba escrito en la mismísima frente y de ello se pavoneaba a lo largo y ancho de todo él: con todas y cada una de las líneas perfectísimamente alineadas, desde la camisa al pantalón y desde la americana al pañuelo en la solapa, sin olvidar, por supuesto, la raya del pelo; con el sello bien visible en el anular; con una elegante florecilla rojo lacre en el ojal superior; y con su discreto cuadernito de hojas de papel de arroz de dos líneas que dejaba ver en el bolsillo de la chaqueta.

Se iba en tren y su destino estaba al sur. Ni un dato más ni mayor concreción; de pequeño le insistieron mucho en que determinadas informaciones debían ir siempre selladas. Sabía que le preguntarían pero únicamente diría que iba hacia el sur en busca de su amor. Nada más.

Llegó a la estación en un pequeño microbús abarrotado de gente. Entre estrecheces se felicitó enormemente de no llevar equipaje. Pero al tiempo, se lamentó profundamente de que las apreturas le impidiesen establecer algún tipo de relación más allá de las de obligada cortesía.

El coche que le asignaron no difería mucho del que compartió en el traslado: reducido, pero con generosos ventanales, y atiborrado de pasajeros, aunque distribuidos en perfecto orden. Carecía de la más mínima decoración, salvo unas minúsculas cortinillas en las ventanas, y tampoco había espacio suficiente para los equipajes que, aun no siendo muchos, fueron amontonados en una esquina. Tenía buena ventilación y no estaba mal comunicado a pesar de que el pasillo parecía diseñado por un liliputiense. Eso sí, los asientos, de mucha madera y apenas esponja, no eran por suerte especialmente incómodos, y hasta permitían dar alguna cabeza.

gama000Cuando entró a su vagón ya estaba casi todo ocupado. Se reprochó haberse entretenido en exceso frente a una curiosa colección de sellos que regalaba un tempranero coleccionable. Buscó su asiento y volvió a lamentarse de no haber estado más vivo: el único hueco libre estaba en la tercera fila, entre una mujer de unos sesenta años y un joven de no más de veinte. Pidió disculpas por molestarles y se acopló sin aparatosidad; en ese primer contacto le parecieron dos agradables y discretos compañeros de viaje.

Ella, riguroso luto de pies a cabeza, se llamaba Julia. No era de mucho hablar o al menos de mucho detallar. No dijo su edad, por supuesto, pero sí que iba a ver a su hermana al pueblo. Era cuatro años menor que ella y hacía años que no se veían, “apenas una docena de veces desde que me fui a Madrid”. Ahora buscaba el reencuentro, y también una cierta reconciliación, consumida por el vacío en que subsistía desde que murió su marido, va para siete meses. De chicas eran uña y carne pero la relación se fracturó cuando emigró para trabajar y labrarse una vida. Ella no se lo perdonó pese a que al principio mantuvieron parte de la estrecha confianza en que se basaba su relación. Entendió que huía en vez de que buscaba una vida y le reprochó que la dejase abandonada a su suerte entre un océano de dificultades y complicaciones familiares. Ahora volvía en parte por acuciante necesidad sentimental y en parte para intentar rehacer lo deshecho aunque fuera en la recta final de su vida. Albergaba la esperanza de que su llegada supusiera una sorpresa agradable, y no le inquietaba que no lo fuera porque tenía más que pensado lo que haría si así fuese… No lo quiso desvelar, y casi no volvió en el resto del viaje salvo alguna que otra pregunta.

1230700040254_f1Él lucía tembloroso una pasmosa y tartamudeante timidez que ponía de manifiesto que apenas acababa de cumplir los 18, lo que confesó en su primera frase junto a su nombre, Luis, y apellidos. Vestía lo que Julia habría etiquetado como “la ropa de los domingos” conectando directamente el común origen rural de cada cual: camisa blanca abrochada decorosamente hasta el segundo botón, pantalones azules de tergal, relucientes zapatos de cordones, y una rebeca (de “por si acaso, nunca se sabe”) también azul que llevaba perfectísimamente doblada en su regazo. Le costó encadenar la conversación pero cuando lo hizo, consecuencia de su retraimiento, no ahorró detalles. Contó que iba a ver a sus padres porque le habían dado unos días de vacaciones en el almacén donde trabaja de aprendiz desde hacía cinco meses. Explicó que se puso a trabajar para poder costearse parte de los estudios de magisterio que había iniciado hacía casi un año, porque la economía familiar, “el campo y los animales”, era prácticamente de subsistencia y había que ayudar. Presumió un punto ufano que además había ahorrado un poco de dinero y que era la sorpresa que le llevaba a su madre. Describió que su quehacer consistía en la clasificación y empaquetado de frutas y hortalizas para la exportación, y eso le ocupaba desde primera hora de la tarde hasta el anochecer cuando además ayudaba en la carga de los camiones. Aclaró que iba a clase por las mañanas y que estudiaba por las noches, y que mal que bien iba sacando las asignaturas y de hecho había aprobado el primer curso con cierta holgura. Y anunció por fin que estaría una semana allá en el pueblo a donde esperaba volver a finales de septiembre para las fiestas patronales.

En cuanto a él, preguntó más que contó y pegó hebra en cada respuesta para esquivar interrogatorios e indagaciones. De hecho, se ciñó a relatar que iba en busca de su amada (“la chica de mis sueños, la mujer de mi vida…: Natalia”) y apenas explicó que llevaban tiempo, “no mucho”, sin verse y que ella no sabía nada de su llegada. Dijo poco más: que era muy guapa y muy atenta y cariñosa, que la conoció en un kiosco en el Retiro, y que estaba perdidamente enamorado de ella. Sí que es cierto que era un tipo reservado, pero es más cierto que cumplía a rajatabla lo que de pequeño tanto escuchó sobre que hay informaciones que deben ir selladas, y también lo que ya adolescente le repetía una y otra vez un de sus mejores amigos: “la información, poca y confusa”. Con todo, decidió echarse p’alante, y, vulnerando enseñanzas y consejos, comenzar a exponer sus planes y proyectos aderezándolos con detalles de su vida profesional.

No le dio tiempo: el tren llegaba a su destino. El viaje había terminado y era el momento de las despedidas. La mía por cierto es a la vez despedida y presentación: me llamo Ittra; ha sido un placer.

……………………………………………

-¡¿Natalia Gómez Puente?! ¡¿Está Natalia Gómez Puente?!

-¡¡Sí!! Soy yo.

-Hay una carta para usted.

 


Ago 24 2011

Largo me lo fías

contorsionistaDentro de nueve años, ¡¡9!!, la Constitución Española fijará o mejor obligará a un tope máximo de déficit, lo que supondrá un férreo límite al gasto público so pena de gravísimo delito. ¡¡¡Dentro de 9 años!!! Con la de cosas que pueden pasar y que pasarán de aquí al 2018, entre otras dos elecciones generales, y con lo que puede haber cambiado todo en ese tiempo. 

Es la última trompiquilla a la que nos obliga el verdadero puto amo de todo y sus secuaces: don mercado y la ángela y el nicolás. Tan es así la cosa que en el sarkoterritorio los ricos riquísimos dicen que quieren pagar más impuestos: ¿no será una inversión?.

Es probable que ellos, y especialmente don mercado, estén haciendo negocios, que en este caso se deberían llamar negocrisis o algo así, y es de sobra conocido que todo lo probable es sospechoso con lo que sospechemos de los sospechosos. En el entre tanto, pues eso: que dentro de 9 años la constitución será quien fije el tope de déficit, así llueva o truene, porque así nos fijan hacerlo de lo que cabría sospechar (de nuevo la sospecha) que lo mismo dentro de 9 años, y aún habiendo elecciones de por medio, aquí no mandará ni el rey ni dios ni quien haya sido elegido por los súbditos, sino los mercachifles. Ellos nos fuerzan a dar trompiquillas constitucionales pero nadie nos pregunta (¡claro, como que somos súbditos!) no ya si queremos reformarla sino que qué nos parecería.

Y ahí entretenidos, o ahí secuestrados previa narcotización (¿narcocrisis?), vemos poco a poco el mundo del revés: los ricos galos dicen que quieren pagar más impuestos mientras que aquí no sólo lo dicen, al menos de momento y posiblemente porque no terminan de encontrarle el negocio a la cosa, sino que no se les exige cuando debió haberse hecho hace muuuucho tiempo. Sí se deja caer, se bordea el asunto, o se globosondea, pero nada más: ¡una lástima!, por ser elegantemente discretos.

Menos mal que nos queda China, país que los ratzinguerianos acaban de poner en su punto de femira, que acaba de protagonizar la noticia más impactante, surrealista y ebria de los últimos meses: «China lanza su primer fondo de inversión en vino. Ofrecerá una rentabilidad del 15%. La inversión mínima será de una millones de yuanes (108.000 euros)». ¿Vendrán ahora las vinosubprime, la burbuja vitivinícola? ¿Estamos tontos o qué?

A cuidarse!!

 


Ago 22 2011

Todo esto para qué

ahi1Título multiusos que multiusaremos llegado el caso, te lo advierto. De momento intentemos ceñirnos a la nada para vacíos y vaciados garabatear un manojillo de garabatos con la utópica intención de que una vez juntos pueda entenderse algo, cualquier cosa servirá.

No cagarla era el objetivo, el gran objetivo. Durante horas, días, semanas, meses y más meses se trabajó afanosamente poniendo en el empeño todos los sentidos, los propios y los ajenos. Se hizo cuando reventaba la primavera, cuando abrasaba el verano, cuando lloraba el otoño, cuando helaba el invierno. Se hizo al alba y en el ocaso, en interminables mañanas y noches eternas, en infinitos mediodías y en tardes gigantescas. Se hizo poniendo en ello el alma, el corazón y todos, absolutamente todos los sentimientos. El objetivo era no cagarla, ese era el verdadero objetivo, el gran objetivo aunque no el único.

Se amasaron millones de toneladas de fe. Se salpimentaron a granel con las más selectas esencias de escogidos cariños. Se envolvieron con la creencia más exquisita. Y se pusieron al fuego lento y eterno que se extrae del magma de la pasión.

No podía fallar, nada podía fallar. Fue tanto el fervor y tantísima la entrega, tan poderoso y tan arrebatadora, que nadie vio porque no importaba que despuntaba un eclipse y que amenazaba con oscurecer aquellas miradas de fuego, aquellas miradas cautivas de sí mismas.

No cagarla era el objetivo, el gran objetivo. Aún se busca afanosamente el balsámico “misión cumplida”. No hay previsiones de cuándo se podrá encontrar para ser gritado a revienta pulmones porque los preparativos son tan extraordinaria y poderosamente absorbentes y seductores que en ellos se han anclado burlando entre sonrisas de desbordante e inagotable ilusión el acuciante “todo esto para qué”.

Y entonces fue cuando se fue.

 


Ago 21 2011

Sones

sones2Allí al fondo, allí a lo lejos, allí donde se pierde la vista, la mirada y el sentido quiso llevar a su alma, guarecerla, exiliarla quizás. No pudo. Ni supo. Ni quiso saber ni poder.

De una zancada la llevó del vergel al secarral. Y se le rebeló. No sólo por el tránsito, que fue la gota que colmó el vaso, sino por lo que vivió en un sitio y otro: en uno se vio a sí misma de vieja, en el otro sufrió un golpe de involución.

Allá donde el frescor es el río de la vida y la gente está hecha de agua viajó al futuro, a su futuro. No le gustó. Y tampoco lo que vio. Problemas respiratorios, problemas cardiacos, un insolente e impertinente Parkinson, y una constante mueca de resignación con la que perpetraba bromas para intentar camuflar el calvario que en realidad era su día a día.

Acá, donde el amarillo no es un color sino el resultado de la diaria devastación del inclemente dios sol y su hijo el fuego, fue flagelado de manera inmisericorde con trasnochados golpes de involución que le condujeron sin piedad alguna al mismo epicentro de la edad media. Aquel lugar fue convertido en una ciudad medieval a base de capirotes, peinetas, hábitos, mantillas, túnicas, escapularios, sotanas, rosarios, sayos, cofradías, casullas, estolas, estampas, mitras, tricornios, y hasta novios de la muerte ataviados de legías. Un verdadero akelarre colectivo jaleado sin descanso por cientos de miles de jóvenes ungidos por la fe que de esa forma y en ese lugar remataban dos semanas de espirituales y fervorosas vacaciones “todo incluido”.

Allá el futuro. Acá el pasado. Allá, en verde y azul, un futuro. Acá, en todo su esplendor y colorido, un pasado del que no existían, hasta ahora, fotografías. Y entre lo uno y lo otro un tránsito que pareció, vaya paradoja, un doloroso vía crucis. El resultado, la mezcla, no podía ser otra cosa que la rebelión, la revuelta, el levantamiento…, la insurrección.

Y allí al fondo, allí a lo lejos, allí donde se pierde la vista, la mirada y el sentido quiso llevar a su alma, guarecerla, exiliarla. No pudo. Ni supo. Y ni siquiera sabe ya si quiso saber y poder.

Se sirvió una copa y puso música.