May 26 2011

La operación patxi

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Cuándo empezó todo no es cuestión intuible sino deducible y por tanto ciertamente obvia. Ahí están las hemerotecas, y el fascinante ejercicio de revisarlas con perspectiva para ahora poder encajar las piezas en sus moldes y éstos en el troquel. Nació tras las elecciones autonómicas vascas, se hizo mayor cuando aquel 12 de mayo, y dejó la casa del padre en el tórrido verano del primario no al padre.

Las autonómicas de un primero de marzo se saldaron para los socialistas con una dolorosísima derrota en Galicia pero a la vez con un histórico triunfo en Euskadi. Quizás lo lógico hubiera sido festejar casi sin fin lo vasco pero sin embargo, y con muchos porqués, lo que primó fue el dolor de la estocada gallega que fue el primer espadazo de Rajoy. Tan así fue que casi no se acentuó que se perdió el gobierno por la caída nacionalista ya que el PsdeG mantuvo prácticamente sus votos, en la teoría de que se necesitaría al bloque en otras cuitas. Entre tanto, en el otro escenario, con más alegría que euforia, se planteó, paradójicamente, el abrazo popular antes que el bastón peneuvista. Se planteó y fue lo que se impuso entre ostensibles muecas de contrariedad de quienes, embriagados aún por el aroma del éxito histórico, tomaron nota pero a lápiz. Una anotación en la página “no olvido” que tiempo después fue reescrita con tinta y subrayada y recuadrada en “esto sí que no” cuando por cuestiones de geometría parlamentaria se llegó al entendimiento y el acuerdo con los mismos peneuvistas no hace tanto rechazados. Un entendimiento y un acuerdo que implicaba, además del desaire, un adelgazamiento del ámbito de actuación. Se tradujo de inmediato como desconsideración y hasta casi menosprecio, y rumiándose eso un rato y otro rato y otro más se actualizó y amplío la anotación, ahora con tinta indeleble, con el “ni perdono”.

Por medio tuvieron lugar otros dos acontecimientos que fueron consolidando una operación que detonó por completo cuando el mencionado acuerdo llamado “de la salvación presupuestaria”. Uno de esos episodios tuvo lugar (¿o pongo acaeció que parece más solemne?) un día de mayo históricamente dolorosísimo para la mayoría, o la práctica totalidad, de quienes les votaron: la mano que mecía, meció, mece, ¿y mecerá?… la cuna tiró de cuchillo y clavándolo hasta la empuñadura del costado social lo rebanó a continuación para con los jirones componer la palabra “súper-ajuste”. Desangrándose y retorciéndose de dolores las preguntas que se amontaban al instante se convertían en afirmación: se pudo haber hecho de otra forma, se pudo haber hecho antes, se castiga menos a los que merecen mayor castigo, se hace lo que hubieran hecho los otros con lo que se les hace el trabajo sucio……….. Y así un largo etcétera que crecía y crecía, por dentro y por fuera-hacia adentro y hacia afuera, espoleando (o a la par que) la operación que así acababa de hacerse mayor.

Conviene reseñar y resaltar en este punto que la tal operación tiene un protagonista principal pero también unos cuantos y relevantes protagonistas estelares y actores no de reparto sino destacados. Intérpretes destacados todos ellos que entre bambalinas pergeñaron con denuedo con el ánimo inequívoco de terminar perpetrando.

Subrayada la acotación, consignemos el otro episodio apuntado que aún no protagonizado por el protagonista principal sí que supuso que la operación dejaba la casa del padre. Ocurrió con agostidad sobre la lava asfáltica madrileña y tuvo como ariete y peón de confianza a quien ejerció de avanzadilla para el primario no al padre. Ejerció de portavoz y su voz entonando el inesperado, osado y retador no desencajó los pernios de puertas y ventanas con tal virulencia que en el mismo instante de producirse las luces rojas de alarma que hacía parpadeaban se quedaron encendidas ya permanentemente. Llegó además en ese avatar el momento de reagrupar apoyos y articular unas infanterías que se lanzaron a expandir y sustentar la operación invocando los conceptos gente, pueblo, sin padrinos…, y llegando incluso, otra vez con el mismo ariete, a intentar descabezar o desdibujar símbolos e iconos de por ejemplo el municipalismo. Un ataque este por cierto que derivó en una contraofensiva finalmente frustrada en tanto que se fijó con todos los beneplácitos un objetivo para enseguida darse cuenta que ese objetivo no era más que el señuelo. Fue justo ahí cuando se hizo la luz y se vieron ya a las claras todos los cimientos de la operación. Unos apoyos vitales que fueron consignados y ratificados a modo de recuento de efectivos sin parte de bajas concluyéndose desde fuera y al tiempo desde dentro que el protagonista principal los tenía en el centro, en el norte, al este, al oeste, en el norte nuevamente, en el centro de nuevo…

Así se gestó, nació, creció y se independizó (porque decir autonomizó suena mal) esta operación cuyo último capítulo, “me postulo”, está viéndose justo en estos momentos. Momentos tan sumamente confusos y de consecuencias tan imprevisibles como que las ganas ganísimas de ajustar cuentas, por necesidad o hartazgo o desencanto u obsesión, han llevado a muchos a hipotecar por completo sus próximos cuatro años poniéndolos en manos del más antagónico de sus adversarios.

A cuidarse!!

NOTA: podría ser un relato de política-ficción… O no.

 


May 25 2011

Patxi se postula…, ya son tres

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Alfredo y Carmen, que ya estaban, y, ahora, Patxi que ayer emergió cual inquieto periscopio para colocarse justo justo en los medios. Tres nombres pues pero no tiene pinta que agrupados bajo el capote “primarias” porque el de Coscojales no se ha postulado para eso sino para tomar los mandos de la nave, todos los mandos de la nave.

Interesante jugada, ya se verá si precipitada o inoportuna, y se sobreentiende que estratégica jugada porque Patxi es el que menos afónico está y porque detrás de su voz hay todo un coro de barítonos, tenores, sopranos o mezzosopranos (entre otros y de pelaje diverso). ¿Es la solución o podría ser la solución? Sólo el tiempo (y la cicatrización) lo dirá. Sí que tiene el envite una (u otra más) lectura interesante: el efecto animador y agitador que implica y que pudiera traducirse, por qué no, en un movimiento en cadena que implicase la visibilidad de unos cuantos invisibles a los que nunca se convocó ni para estar en los banquillos. De ese hipotético (o hasta utópico) totum revolotum saldría no sólo una o varias alineaciones sino un caudaloso caudal de ideas (nuevas o rescatadas y por ello re-nuevas) limpias y desencorsetadas que inteligentemente alquimizadas concluyan en una propuesta de propuestas de amplio espectro que satisfagan e ilusionen a cansados, aburridos, desconsolados, desnortados e indignados.

Y mientras todo eso se confirme o se desmienta, entre tanto toca reparto de papeles y de tareas a lomos de aquella frase de Felipe, “se gobierna desde Moncloa, no desde Ferraz”. Es por ello que desde palacio tocaría intentar salvar por la izquierda el mayor número de muebles electorales tejiendo con esas acciones y actuaciones una alfombra lo más mullida posible para la futura, nueva e incierta andadura.

Con todo…, todo son suponeres en este mismo minuto y resultado que se visualiza perfectamente en un viejo poema de Manuel Benítez Carrasco que interpretó como nadie la sobrina de los gallos Gabriela Ortega. Tres banderilleros en el redondel pero uno diciendo alto y abiertamente que quiere ser cabeza de cartel. Otra cosa es que lo consiga.

En todo caso, se ha postulado para ponerle el cascabel al gato y se ha metido de lleno en la pomada con lo que bueno será tender algunos apuntes muy poco conocidos de él:

De Coscojales a Ajuria Enea

Suena de fondo Vetusta Morla y en concreto la canción “Copenhague”. Francisco Javier López Álvarez (de pequeño Patxo y después Patxi) anda jugueteando con un saxo al que venera como al resto de sus instrumentos aunque no sepa tocar ninguno de ellos.

Es adicto a la música y lo demuestra cada poco en su blog (www.patxilopez.com) que en 2008 fue premiado como el mejor “blog político”. Sus otras pasiones son la fotografía, los amigos (“la cuadrilla”), el Athletic (“y el Portugalete”) y el Bilbao Basket, la porrusalda y el arroz con pollo y la tortilla de patata, el mar (la mar), Euskadi (“por supuesto”), y, sobre todo “y especialísimamente” su chica: Begoña.

Tímido hasta decir basta, aunque al conocerle no lo parezca en absoluto, esta faceta de su carácter tuvo que archivarla “sí o sí” cuando hace dos años se hizo historia al ser elegido Lehendakari.

A partir de ahí, casi todo por escribirse, y hasta ahí una trayectoria tan intensa como apasionada marcada por muchos momentos y circunstancias entre los que cabe destacar cuanto menos cuatro: el tesón heredado de unos padres a los que la dictadura desterró: a Las Hurdes la madre, a Almería el padre; el inquebrantable compromiso político por la libertad y el socialismo del padre “Lalo” López Albizu quien, con su hijo al lado, insufló toda su manera de entender la política a personalidades como Felipe González, Manuel Chaves, Joaquín Almunia, Txiqui Benegas o el mismísimo Ramón Rubial; su bautismo político de verdad verdad con 27 años cuando llegó al Congreso como Diputado por Vizcaya; y la llegada a la secretaría general del PSE-EE en diciembre de 2001.

Momentos y circunstancias “inolvidables” para quien fue dantzari, quiso ser ingeniero, es lehendakari “de todos los vascos”, y será… quién sabe qué será. 

A cuidarse!!

 


May 23 2011

La tapa del piano

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Sin paliativos, sin vaselina, a degüello, ‘una hostia como la tapa de un piano’. Si (fuese cierto que) cada cual tiene lo que se merece, es innegable que lo sucedido habrá sucedido porque nos lo mereceríamos. Puede ser discutible pero no merece discusión porque fue tan abrumadora la goleada, tan profundo el estoconazo, tan incontestable el revolcón que para qué andar buscando interpretaciones, traducciones o explicaciones. No merece la pena, es perder el tiempo.

Sí lo merece sin embargo plantearse alguna que otra pregunta y alguna que otra (i) reflexión.

La primera y más importante es que es del todo contradictorio y absolutamente incomprensible e incompatible con el más mínimo sentido común el resultado final con el torrente de ilusión, entusiasmo y hasta casi fervor del 15M. ¿Cómo puede ser que pasara eso en decenas de plazas y al tiempo se alce victoriosa la opción política más lejanísima del espíritu mismo de ese movimiento? ¿Cómo es posible o puede ser posible que la indignación se traduzca en lo que se ha traducido? ¿En qué cabeza pueda caber que cientos de miles de indignados trabajadores (o potenciales trabajadores) terminen haciendo más fuertes a sus jefes y más débiles a ellos mismos? Me considero incapacitado para siquiera buscar respuestas. Mucho más cuando anoche en territorio genovés se coreó a voz en grito ‘esto es democracia y no lo de sol’; huelga decir que les faltó añadir parte de lo que pensaban: ‘esto con nosotros no hubiera pasado, derechitos como velas les habríamos puesto a todos esos holgazanes y haraganes’.

¿Cómo puede ser a la vez 15M y gurPPel? ¿De verdad es posible soplar y sorber al mismo tiempo?

Hay otro par de epígrafes casi tan importantes como el que acabas de leer, y también alguna que otra pregunta de esas que no son para respuesta inmediata sino para sosegada meditación: ¿es UPyD la nueva UCD? , ¿el cinturón rojo madrileño lo destiñó Tomas? , ¿se puede pasar del día a la noche sin atardecer por medio, o cómo es posible que Córdoba pase de un día a una noche de ser feudo histórico de Izquierda Unida a tener alcalde del PP con mayoría absoluta?

Son algunas de las cosas que han pasado, o digamos mejor que pasaron que así parece como que ha sido hace más tiempo. Acontecimientos o avatares cuyas consecuencias sólo el tiempo mostrará. Y es que el tiempo, sólo el tiempo, y nada más que el tiempo dirá si el PP además de predicar da trigo. En muuuuuchos ámbitos y escenarios pero especialmente en uno que se antoja clave: ¿aplicará en CCAA y ayuntamientos, ahora que gobierna en prácticamente todos, lo que anunció, cacareó y prometió de contener y reducir el gasto y adelgazarles administrativamente? ¿y si lo hace efectivamente, de qué partidas recortará? ¿y lo que recorte cómo lo repondrá, si lo repone…? ¿con la iniciativa privada (sinónimo eufemístico de amigotes y negocietes)?

Y por último: los casi casi destruidos, los derrotados. ¿Qué hacer ahora? Fórmulas habrá decenas y recetas miles, pero de entre todas ellas y sobre todas ellas se puede atisbar una tan urgente como necesaria (o casi imprescindible): lanzarse a gobernar adelantando por la izquierda a toda velocidad. Y hacerlo con dos objetivos: primero reencontrarse consigo mismo, y, paralelamente, reencontrarse con los muchos miles que lo pasarán mal por haber tirado fuerte del brazo izquierdo del gobierno a votazo limpio sin tener en cuenta que lo mismo se pasaban de frenada. Cuando uno se pierde luego tiene y debe encontrarse, y cuando se encuentre y se reencuentre habrá escarmentado y aprendido que “quien hace lo que no es, y además no se da cuenta, termina siendo otra cosa”.

Dos líneas más y a la música (nutritiva por supuesto). La sesuda es una invitación a la cautela dirigida a tod@s los que se han empeñado en contabilizar abstenciones, votos en blanco y votos nulos. Deberían recordar que eso mismo hacían aquellos radicales de allá arriba cuando no eran votables. Y la última para desengrasar: no concibo que ningún medio haya destacado el único anuncio que hizo Nanin R. la pasada y requeteazulada noche: ‘yo mañana me voy a poner a trabajar’. Esa sí que es una noticia.

A cuidarse!!

 


May 20 2011

Si me das a elegir…

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¿Ternera o carne? ¿Merluza o pescado? ¿Coca Cola o refresco?

Petrificado y estupefacto se quedó frente a las propuestas del menú del día de aquella taberna en la que se atrincheró huyendo del griterío feriante de ahí afuera, aderezado en los últimos días por toneladas de desatada indignación tanto tiempo contenida.

 

 

-Perdone usted, ¿me podría concretar?

-No. Soy incapaz, me resulta imposible. Es lo que hay.

-Sí pero es que…

-Sólo puedo aclararle que si pide ternera debe saber que está algo pasada y más dura que la suela de un zapato. O que si elige merluza tendrá que rebuscarla entre multitud de espinas, y además hace tiempo que caducó su fecha de caducidad. Eso sí, en ambos casos los productos tienen claro clarito su origen y su trazabilidad.

-Ya… ¿Y qué pasa si pido carne o pescado?

-Pues…, pues que quién sabe. Lo mismo es cerdo o cordero o pollo o sencillamente casquería. Y en el caso del pescado, pues también a saber: desde el chanquete a la japuta, desde el boquerón al pez espada.

-O sea, que debo elegir entre lo malo conocido o lo bueno por conocer, entre una realidad por inconveniente que resulte o una indescifrable o indefinida cuestión de fe.

-Efectivamente. Es casi casi como estar entre la espada y la pared, entre málaga y malagón, o entre guatemala y guatepeor.

-Ya. Pero lógicamente tengo otras opciones como por ejemplo ayunar… O como por ejemplo comérmelo todo y bebérmelo todo… O como por ejemplo mandarlo todo a tomar por culo y echarme a la autogestión alimentaria para comerme lo que yo crie o cultive y beberme el agua de la lluvia o el vino o la cerveza que yo fabrique.

-Así es. Usted mismo.

Entonces se repuchó en sí mismo y comenzó a plantearse muy seriamente si comerse sus vísceras y beberse sus fluidos o, por contra, practicar con descarada desmesura el canibalismo y la antropofagia.

Terribles dilemas imposibles de nuevo. ¿Insalvables? ¿Irresolubles? ¿Incurables? ¿Insensatos?

“Si me das a elegir”…

A cuidarse!!!

 


May 18 2011

Mayo del 68

picassoEl sábado 18 de mayo de 1968 fue el día en que Madrid aspiró con más fuerza el convulso, contestatario e ilusionante aire francés. Una bocanada de rebeldía y de oposición al orden establecido, y un juvenil grito para exigir un papel en aquel episodio de la tauromaquia acuñado como cordobesismo.

Se celebraba el octavo festejo de un San Isidro que caminaba triunfal: tres salidas a hombros, El Cordobés, Paco Camino y Miguel Márquez; y orejas para Antoñete, Paquirri, Antonio Ordóñez, El Puri, José Fuentes, Chicuelo y Mondeño, que acababa de colgar los hábitos para volver a enfundarse la taleguilla. En el cartel se anunciaban toros de Fermín Bohórquez para Julio Aparicio, Diego Puerta y, por supuesto, Manuel Benítez, El Cordobés.

Con aquel lujoso cartel, el sábado amaneció «de fiesta grande» y la tarde requería elegancia en el vestir, alegría en el corazón y espíritu predispuesto para el gozo taurino. En el alma de la afición madrileña no había lugar para los inconvenientes y no produjeron alteración las noticias de que, durante el reconocimiento del ganado, se habían urdido extrañas maniobras que concluyeron con el cambio completo de la ganadería siendo sustituidos los toros anunciados por los que se habían previsto para el día siguiente, divisa de Soledad Escribano Bohórquez. Nadie devolvió su billete.

Miles de personas se agolparon en las puertas del coso cuando empezaban a templar los clarines. Rezumando triunfalismo, comentaban las faenas recién presenciadas y cruzaban apuestas ante lo que presumían que ocurriría aquella tarde cordobesista. Ajeno a todo aquel excitado ambiente rumiaba su venganza un torero de paisano, Miguel Mateo, Miguelín, un algecireño que acababa de proclamarse triunfador de la sevillana Feria de Abril y que hacía tan sólo unos días había revalorizado sus credenciales en el corazón mismo de aquella afición venteña. En su alma y en su espíritu todo giraba en torno al golpe de estado de que había sido objeto durante la mañana en el apartado cuando la dictatorial mano del ídolo del momento le había robado sus cómodos y bonitos toros, a los que había estudiado en el campo con minuciosidad.

El festejo discurría por los cauces imperantes en la feria y, aunque Julio Aparicio no tuvo suerte, Diego Puerta cortó una oreja al quinto lidiando con su temerario estilo. El Cordobés, que no había conseguido enardecer a sus devotos ante su primer enemigo, salió dispuesto a enloquecerlos con aquel toreo suyo desbordante. El sexto de la tarde era un terciado animal de noble embestida y bondadoso tranco cuya estampa no transmitía peligro. Con los caballos cumplió, no causó problemas a los banderilleros y quedó casi domesticado al iniciarse el tercio final. Benítez estaba iniciando su muleteo cuando un murmullo se tornó en algarabía: «¡Se ha tirado un espontáneo!».

Vestía traje oscuro y corbata, y lucía un pañuelo claro en el bolsillo. No portaba muleta ni cualquier otro utensilio de torear. Sólo saltó, corrió hacia el toro y al grito de «¡Esto es una burra…, no hace nada, es inofensiva!» se abrazó al negro animal, que se dejó acariciar, golpear e insultar. Desde un tendido una voz advirtió: «Es el torero Miguelín». Y entonces el titubeo del primer desconcierto estalló en atronadora ovación a favor del rebelde que lleno de torería reclamaba justicia y exigía verdad torera. Tras un garboso y cómplice desplante, se dejó arrestar, sonriente y satisfecho. Camino del calabozo iba el transgresor de unos esquemas celosamente protegidos por el interés mercantilista de quienes decidieron desterrar la verdad del toreo y sustituirla dictatorialmente por un espectáculo de corte circense donde lo único importante era enriquecerse. Sin más.

A pocos kilómetros al oeste de Las Ventas, aquel mismo 18 de mayo del 68, miles de jóvenes madrileños burlaban entre carreras los embistes de las porras policiales al revolucionario grito creado por Raimon y coreado minutos antes en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Complutense: Al vent.

 


May 16 2011

A saludazos (evocaciones de las afueras del toreo)

saludadores-de-antanoQué abrazos, qué derroche de poderío en cada encuentro, cuánta efusividad en cada apretón de manos. ¡¡Que desmedido ejercicio de la cortesía!!

Pegando saludazos pero sobre todo dejándose ver una y otra vez, decenas de estos personajillos van citando cuanta vanidad encuentran en sus incansables paseíllos. Lo hacen con exposición, riesgo y gallardía; desdeñando temerariamente la cogida porque en muchos casos lo que precisamente buscan es la cornada confiando ciegamente en el contagio: la contaminación.

Son tan inconfundibles como puntuales: ni una sola cita se escapa a sus agendas. Fervorosamente adiestrados en el arte de la patilla, cumplen al pie de la letra y al completo su ritual. No madrugan y si lo hacen se ocultan acicalándose minuciosamente para el primero de sus paseíllos: la aparición en el hotel del matador. En su portón elevan el gesto demandando atención, porque ellos nunca preguntan, se estiran vistosamente sus chaquetillas, se des-rayban, se atusan los caracolillos procurando desprender una buena dosis del perfume en que pareciera que se han bañado, y aguardan. Pronto aparece alguien que les reconoce aunque quizás no conozca más que sus rostros, y como dejándose llevar se adentran en el templo repartiendo sonrisas y muecas cómplices a un sinnúmero de desconocidos que sin embargo sí parecen tener la obligación de conocerles. Allí hay ex-famosos, empresarios de oficio que no de beneficio, eternos aspirantes a apoderados, toreros en minúsculas o minusculizados, críticos que dicen serlo aunque en realidad ejerzan de expertos del “quien a buen ascua se arrima”… Toda una constelación de semejantes en iguales circunstancias, especialistas cum laude en la teoría y práctica del saludazo.

Antes de la una, habrán bebido, comentado, alternado, picoteado, y mentido con disimuladísima fruición, todo coronado con un trabajado estrabismo. El primer fruto de ese paseíllo inicial debe haberse conseguido con creces: un par de billetes para los toros. Con los trofeos en el esportón y re-auto-ovacionándose, vuelven a gustarse abandonando garbosos ese ruedo. Su lidia no ha hecho más que comenzar.

Móviles y taxímetros anuncian el segundo tercio. Finos manteles; frescos claveles; sabrosas viandas entre las que no debe faltar el jamón, la gamba, y un pedazo carne; y torrentes de jereces, riojas, riberas, escocias y espirituosos variados. Todo, claro está, anillado por infinitas volutas de montecristos, cohibas o similares, que abrocharán la interminable factura que alguien del entorno del matador, ganadero o empresario abonará religiosamente con la partida específica de fondos reservados, capítulo “agasajos ineludibles por la culpa del oro del torero”.

Bien comidos, mejor bebidos y embriagadoramente fumados… , todos a tertuliar mientras procesionan camino de la plaza. Hablen con quien hablen, y digan lo que digan, todo será en positivo, porque “no se muerde la mano que da de comer”, y todo estará suficientemente amplificado para que nadie pueda decir que no se ha enterado. Suelen hacerlo en parejas o tríos aunque esa no es condición obligatoria ya que donde deberán esforzarse porque estarán siendo examinados es a la entrada a la plaza, en los tendidos, y al término del espectáculo. Ahí sí que deberán alardear de su sapiencia en la ciencia de mayusculizar hasta el más pequeño gesto -sea más o menos taurino- de su proveedor de vanidad ajena. Un ejercicio, además, que supone un indiscutible sobreesfuerzo del que precisamente brota la coartada exponencialmente esgrimida para seguir consumiendo desaforada pero elegantemente, como sin queriendo.

El festejo termina, ellos se reinician. La cita es en el patio de arrastre, y la consigna repetir por enésima todo el ciclo. Rehacerlo sin demora a partir de un primer reventón reconcentrado porque de una veintena de saludazos dependerá el resto de la noche. A reatusarse discretos, un saci pronto a la boca, izar muy patricios la testa, y a por las presas. “Yo vi… A mí me dijo… Sé con seguridad… Me ha confesado… Leí en su mirada… No dudes que… Estate seguro… Dí si dicen… Cuentan que aquel… Al parecer éste…”. Por esos rieles descarrilan sus piropos, halagos, lisonjas, y adulaciones, y lo hacen con tanta desenvoltura y talento que en ningún caso se les verá descomponer la figura por más que haya quien ose llamarles pelotillas, tiralevitas, adulones o cobistas… Ellos ni claudican ni se arrugan porque en juego está su supervivencia en la fiesta, pero sobre todo porque son consumados y reconocidos especialistas del arte de la patilla y profesionales indiscutibles del saludazo.

San Isidro también es su Feria y para ellos Madrid sí que da y sí que quita.

 


May 13 2011

El día del «santo» del 53 (evocaciones taurinas)

alamaresPoseídos, magnetizados por aquel efímero pero denso y sincero toreo, le sacaron en volandas por la puerta grande con el unánime consentimiento de la afición, que por aquellos años tenía por costumbre dar el visto bueno a semejante honor sin tener en cuenta el número de trofeos conseguidos. Cruzaron velozmente la explanada que separaba la magia y la civilización, y se encaminaron calle de Alcalá arriba decididos a encumbrarle en la plaza de Manuel Becerra. Al alcanzar la esquina de la calle de Bocángel, varias voces rectificaron los planes de la turba. Giro a la izquierda y, a modo de pagana procesión, los costaleros apretaron el paso hacia la casa del nuevo as de la tauromaquia.

Con el terno azul y oro literalmente destrozado, huérfano de caireles y alamares que acababan de convertirse en reliquias, tomó el ascensor. Al llegar al descansillo, la puerta fue casi arrancada por la fuerza del cariño, y el torero se fundió en un largo e intenso abrazo con su madre. Su padre le besó con lágrimas en los ojos, sin poder articular palabra, vestido aún de monosabio. En la calle, decenas de personas seguían rompiéndose las manos aplaudiendo hasta que salió al balcón y saludó con más timidez que nunca, porque la emoción acababa de reivindicarse como secuestradora de su voluntad. Lloroso, se fue hasta la cocina y gritó un merecido: «¡Por fin, lo he conseguido!».

Antonio Chenel, Antoñete, acababa de ver cómo se hacía realidad su sueño: salir a hombros por la puerta de su casa, por la Puerta Grande de la Monumental madrileña. Sólo dos días antes sufrió desde la impotencia por no haber podido hacer nada en su confirmación de alternativa, pero ese 15 de mayo del 53, día del santo, puso las cosas en su sitio. Compartiendo cartel con Rafael Ortega y El Ranchero, la responsabilidad y el orgullo se apoderaron de su corazón y pronto dejó constancia de que era su día con un arriesgado pero, como siempre, artístico quite de frente por detrás al segundo toro de Fermín Bohórquez.

Salió el tercero, noble, franco, hambriento de muleta…, ideal para demostrar sin ningún género de dudas que su mano izquierda era mágica. Con una preciosista facilidad, le embarcó una y otra vez, ligó sin dificultad series y más series de naturales, de derechazos, de adornos… Hasta cuajar una gran faena premiada con dos orejas que él utilizó como sofisticadas herramientas quirúrgicas con las que se arrancó la espina que su plaza le había incrustado en lo más delicado de su alma.

Parecía que estaba todo hecho cuando apareció por la puerta de toriles un enorme animal de fiera estampa y enorme arboladura llamado Empresario. Olvidada la presión, se relajó como tantas y tantas tardes en las que dibujó imaginarias faenas sobre aquel albero que alfombraba el patio de su casa. Antoñete no reparó siquiera en la pujanza de su enemigo, en su salvaje y violento acometer, y sin pensárselo se fue a los medios a trazar una faena honda, suave, rítmica, mandona, de inmejorable calidad, con la que entusiasmó al respetable. Mientras, él, absorto y embrujado, no atendía más que a sus impulsos sin darse cuenta de que en realidad estaba toreando para sí mismo con insuperable exquisitez. Pinchazo, estocada, dos descabellos…, una oreja.

Entrada la madrugada, después de festejar el triunfo con toda la familia en una afamada casa de comidas de la madrileña Cuesta de las Perdices, Antoñete recordaba en su cama cada instante de aquella seductora y merecida conquista. Poco antes de que llegara el sueño sonrió satisfecho dejándose llevar por la sensación de que ya estaba todo hecho. A la mañana siguiente, nada más despertar, fue plenamente consciente de que, en realidad, estaba empezando todo.

 


May 10 2011

Feriantes

el-gabinete-del-doctor-caligariAl revuelo de los capotes de cada san isidro (digo yo que será por eso), los manojos de fotografías que hace días brotaron de árboles y farolas del foro pareciera que se han metamorfoseado en taurinas (o así las veo o creo verlas), con pomposos y rimbombantes ribetes feriantes; detalle éste no menor porque supone a un tiempo ver y oir (que no es lo mismo que mirar y escuchar).

Uno echa la vista p’allá y se tropieza con la faz de un novillero sin montera que pareciera tener enfilado en el mismo centro del entrecejo una ansiada puerta grande de quimérico jambaje.

Y si alarga algo más el vistazo, no sobrepuesto aún de la (des)ilusión óptica (que no es lo mismo que espejismo), las no escarmentadas pupilas se estampan con dos estampas, de diseño mitad lámina mitad grabado, de imposible disección en tanto que es imposible saber si fue antes la foto apolaroidzada que el dibujo goyesquizado, o viceversa.

Inquietantes visiones que se completan con una más cuya traducción e interpretación es puro y duro territorio frenopático: ¡el feriante perfecto! Hábil, astuto, ilusionante, creíble, entendible, comprometido, solvente, legal, ¡¡¡¡normal!!!!… El feriante perfecto salvo por un problema: está en dos cuerpos………..

Durísimo espectáculo callejero del que sobreponerse de inmediato, o incluso a medio plazo, resulta del todo utópico. ¡Y eso que ha sido sólo el apartado de «visiones»!

Haciendo de tripas corazón uno intenta pasar al capítulo de audiciones, pero en el intento se queda…, al menos de momento. Mejor dejarlo para otro rato mientras se aplica la automedicación sideral de recomposición de asadurillas, entresijos, gallinejas, zarajos y mollejas varias. Todo ello con el bulle bulle feriante atronando sin cesar al revuelo de los capotes de cada mayo en el foro, capotes que cada cuatro mayos son metamorfoseados en percales hilvanados en embustes con zurcidos de patrañas.

A cuidarse!!