Mar 30 2011

Matraca recurrente

20071128160140-sombras1Sólo en la codicia guisada a fuego lento en el rencor crónico  puede encontrar Charolito una brizna (no más) de explicación a la recurrente matraca que por enésima vez, cada vez que hay urnas a la vista, acuden los gurPPelianos: el terrorismo (el puto terrorismo).

Si todo indica que les va, o les irá, de perilla, ¿por qué cojones vuelven a atizarnos con el zombi entxapelado? ¿Será porque puede que no les vaya tan bien como cacarean tantos y no sólo ellos? ¿Será porque temen, casi con síntomas de pánico, que haber jugado todo el rato al desgaste sin gastarse pudiera terminar por salirles caro? ¿Será quizás que en esos cerebrines metamorfoseados en cajas registradoras (por supuesto cajas B) de mangoneo masivo se haya encendido un rotulillo en el que se lee (ellos con casi pavor) que ir de sobrados pasa factura, y no precisamente en negro, y que la peña podría castigar al vago que nunca jamás propone además de al gobernante?

Charolito no tiene respuestas y le cuesta un mundo encontrarlas. Pero tiene tan claro como tú (porque como a ti, mal que bien, le funciona la memoria) que cada vez que en el horizonte despuntan elecciones ese partido se lanza al enredo electoralista con una cuestión tan sensible y tan doliente para todos como es el terrorismo y la lucha contra el terrorismo. Lo hicieron en las últimas generales y lo hicieron, vaya si lo hicieron y cómo lo hicieron, en las últimas autonómicas y municipales. Lo hicieron y vuelven a hacerlo (y lo seguirán haciendo y lo volverán a hacer) con una gula y con un ansia tales que hasta usan en su beneficio y sin el más mínimo escrúpulo los panfletos de la banda terrorista sin citarla, lo que además de evidenciar el gusto por rebañar sin medida es mentir en tanto que no dicen la verdad completa.

Mal rollo. Mal tienen que estar empezando a verlo para volver a su recurrente matraca. Para prostituir con absoluta impunidad algo que es de todos, de absolutamente todos: el «no al terrorismo, no a ETA». Que vuelvan a intentar apropiarse de ello, por muy trajeados que lo hagan y por mucha apropiacionitis desmedida que padezcan, es tan indecente como impresentable y tan despreciable como vomitivo. Ojala y les pase factura (y por supuesto no en negro) porque en el fondo lo que saben y sienten es lo que se lee en una viñeta de Ricardo saliendo de la boca de Nanin: «¡cuando yo sea presidente, jamás haré algo tan bochornoso como negociar con el Movimiento de Liberación Vasco!». (¿Te acuerdas?).

A cuidarse!!

 


Mar 21 2011

Hipócritas

11Odio las guerras. Todas las guerras. También las que se montan, por muchas bendiciones que tengan, para detener el ansia asesina contra su pueblo hambriento de libertad de un dictador criminal.

Las odio con todas mis fuerzas y exactamente lo mismo me sucede con la hipocresía, con los hipócritas. Con ese ejército uniformado de rencor que en el galón izquierdo llevan maldad y en el derecho carroñerismo, y que cegados por el aprovechamiento desmedido y la más espuria gula de poder son capaces de oponerse a una intervención para detener una masacre si con ello desgastan al adversario. Dicho más a las claras: no les importa ir con Gadafi si así joden a Zapatero. 

Dijo Chekhov: «los hipócritas pretenden ser palomas, políticos, literatos, águilas… Pero no se dejen engañar por su apariencia, no son águilas, son ratas».

Charolito lo tradujo a su dialecto así: erase un tipo que decidió agrupar los teléfonos de su agenda del móvil por las características de cada una de esas personas. Abrió varias subcarpetas y una de ellas la tituló «hipócritas». Se puso a insertar números y salvo media docena, poco más, todos se empotraron en esa lengüeta. El tipo entonces tiró su móvil.

 

A cuidarse!! 

 


Mar 15 2011

El espíritu de Margarita

Todos la manoseaban una y otra vez, pero ella lo que quería y pedía a gritos era que le metieran mano, a fondo, a conciencia, hasta el corvejón.

marga2Empezó a sugerirlo hace tiempo, concretamente poco después de que la pantasma negra de la crisis negra comenzara a desbrozar sin miramiento el bienestardo que tanto había costado sembrar. Sintió entonces que su espíritu empezaba a llamarla pero como fue tan sólo una sensación y había mucho tiempo por delante, se limitó a sugerir en la confianza y hasta en el deseo de no ser atendida.

Un poco más tarde, cuando del desbroce empezó a pasarse al comienzo del arrasamiento, Margarita pasó de sugerir a reclamar. Lo hizo, cuca que es ella, con las cartas (es decir, los pétalos) marcadas, empeñada como pocas veces en tomar partido aún consciente de que esa actitud violaba su adn y prostituía su espíritu. Pero no le importó porque entendió que mojarse era imprescindible. De nada le sirvió.

Y después llegó la devastación. Y entonces Margarita pasó a la fase de exigir: «méteme mano, no dejes que me manoseen y no lo hagas tú». Lo exigió un día y otro, por la mañana y por la tarde y por la noche. Tan insistente se puso que fue atendida… Atendida pero no usada porque su amo y señor se limitó a mostrarla en público presumiendo no de ella sino de que había echado la cuenta un montón de veces y sabía de sobra el resultado aunque no se lo iba a decir a nadie.

Aquello fue el acabose: sobre Margarita se lanzaron cientos de manos con el único fin de manosearla y requetemanosearla, con avaricia y sin pudor, descarnadamente. Tal fue el empeño y tanta el ansia que su espíritu se revolvió como el toro cuando le banderillean huyendo como alma que lleva el diablo de aquel barrio castizo, chulo, galguero y torero al que etiquetaron de talismán, provocando en los partidarios zozobra, desasosiego, perplejidad, y hastío.

Ahora Margarita y su espíritu vagan sin rumbo, perdidos, desquiciados. Y heridos, muy heridos, extremadamente heridos del manoseo masivo. Se sienten al borde mismo de la agonía y tal es su grado de deterioro que cuando llegue el momento ya no se les podrá meter mano.

A cuidarse!!

 


Mar 14 2011

Sólo música

 

pasillo11

 


Mar 8 2011

Desinspiración

dali«Me arrancaron de la vida. Después, me arrancaron la vida…».

«Empezó a pasar una mañana en la que bandadas de buitres, que no veía, tiznaban un reluciente sol que todo lo coloreaba en las afueras del ajusticiamiento que aún ni sospechaba. Comenzó a perpetrarse un día en el que de fondo sonaba incesantemente: «te lo dije…, te lo advertí…, te avisé…», sin que fuera consciente de estar oyéndolo. Tres frases, ocho palabras, que a ritmo de obsesiva petenera redoblaban compulsivamente en aquel esquinazo de su espíritu, actualizando una y otra vez la maldición de aquella vieja gitana de la alhambra a cuyo lado una pasa era la quintaesencia de la tersura».

«Me arrancaron de la vida. Después, me arrancaron la vida…»………..

Y ahí paró, ahí dejó de escribir. Inesperadamente la pantalla se tiñó de negro y al instante se apagó el ordenador. Miró el cuadro de los diferenciales pero todo estaba en orden. Comprobó el enchufe con otros artilugios y funcionaba. Lo hizo rápido porque se sentía inspirado, enchufado a su musa, y tan así fue que presuroso buscó papel y bolígrafo para proseguir su relato sin distraer ni un segundo en el qué habría pasado. Arrancó, mas que quitó, la capucha y se lanzó así armado contra el folio. Engatilló la primera letra de la primera palabra y… nueva sorpresa: no salía tinta. Comprobó si se había vaciado o quizá secado, pero no: estaba rebosante. Buscó entonces una estilográfica pero le sucedió exactamente lo mismo. Empezó a inquietarse. Abrió entonces un viejo plumier y tomó un lápiz. Fue aún peor: se la caía la mina: No que se partiera no, es que literalmente se caía una y otra vez, se desvanecía. O quizás huía. Volvió al ordenador. Pudo encenderlo, ¡funcionaba! Cargó la página y se dispuso a amartillar las teclas cuando estas saltaron los aires empezando a revolotear con indómito sarcasmo a su alrededor. La rebelión de las teclas, se dijo. Intentaba capturarlas pero era imposible: una y otra vez driblaban a sus dedos con fintas vertiginosas. Se desquició. Y decidió encerrarse.

«La musa dicta y en algunas ocasiones sopla. Pero relativamente poco, porque ya está lejana y tan cansada que tuvieron que ponerle medio corazón de mármol».

«Me arrancaron de la vida. Después, me arrancaron la vida…».