Feb 21 2011

Apaga y vámonos

el-viejo-del-cigarillo-joaquin-sorolla-y-bastida

 

La miraba fija, intensamente, y cuando cerraba los ojos ya no revoloteaban miniconstelaciones de recuerdos lumínicos en las bambalinas de sus ojos. Lo intentó una vez y otra, pero nada. Veía apenas, si forzaba hasta casi el dolor, un boceto de rastro borroso de aquellas inquietas y escurridizas chiribitas a las que perseguía a cierraojos sin conseguir no ya apresar sino siquiera retener.

No era su culpa ni mucho menos su intención. Quería hacerlo con la misma fuerza, o quizá algo más, con la que siempre quiso. Pero nada, no había forma. La veía, sí, ahí arriba…, donde siempre estuvo, donde siempre había estado, donde siempre por siempre debería estar. Pero ya no era la misma. Y ella lo sabía. Por más que ella misma forzaba a sus artesanos filamentos, por más que les esforzaba a la incandescencia radiante y cegadora de tantos y tantos años…, no había forma, ya no lo conseguía. Y él, viéndolo, sufría con extrema angustia. Y ella, atisbando su desconsolado sufrimiento, rebuscaba un simple rescoldo de energía en lo más hondo de sus almacenes de tungsteno y vanadio. Pero nada. Y entonces su sufrimiento se transformaba en afligido tormento rayano en la tortura. Y sentía una impotencia que la desquiciaba. Y le entraban unas ganas incontenibles de morir, y de hacerlo cuanto antes.

Él entre tanto, reconcomiéndose en su desesperación y en su pena, no podía detener el carrusel de los recuerdos, el irrefrenable tiovivo de la memoria, el caudaloso sinfín de evocaciones. Notaba en la misma caña de sus huesos un torrente espeso de nostalgia y sentía que más pronto que tarde se le inundarían aurículas y ventrículos llevándose por delante tantos sentimientos laboriosamente sembrados y emotivísimamente cultivados.

Hormigonándose por dentro y atrincherándose por fuera, de pronto aquella luz que ya casi no lucía habló, gritó, atronó: «me gustó ser bombilla, ser luz de guía, iluminar y guiar, y me gustaría poder serlo siempre. Pero el tiempo ha pasado de acecharme a cercarme y de cercarme a extinguirme, y no me quedan fuerzas para sostener esta lenta e inexorable agonía… Casi ni siquiera me queda energía para apagarme de pronto por mí misma, para entonar mi «apagose«. Apágame tú, por favor».

Lo escuchó perfectamente, lo vio con absoluta nitidez, lo sintió en lo más profundo de sí mismo. Notó como un haz de luz con la fuerza del láser estaba esculpiéndole implacablemente aquellas cuatro palabras. Y entonces, abatido, se jibarizó hasta rozar la inexistencia mientras un hilillo de voz bisbiseaba «apaga y vámonos».

A cuidarse!!

 


Feb 8 2011

El zoco del tiempo

la-luna-en-cuarto-creciente-en-escorpio1La luna mora convertida en cimitarra sajó la noche de sur a norte provocando una hemorragia de luceros entre goterones de centellas. La estrella polar, enseñoreada en lo alto de la negritud, rasgó el zaino silencio, y el aire de plomo fundido se agitó nervioso. Acababa de fraguar la revolución que llevaba tiempo cociéndose en los hornos de la libertad.

A Mahmud le estalló cuando acababa de entrar en el zoco del tiempo a la búsqueda de instantes y momentos pasados, presentes o futuros a buen precio. Sabía que iba a ocurrir y no le sorprendió, sí lo hizo el ajetreo histérico que reventaba algunos de los puestos con prebostes, déspotas y tiranos dándose codazos cuales yonkis en busca del kitamono.

Allí estaba Mubarak comprando tiempo desesperadamente con la intención de ganarlo, y creyó ver que incluso lo pagaba con su propia sangre tras haber entregado los números PIN de todas sus cuentas suizas alimentadas durante lustros a base de oprobios, vejaciones y venta masiva de humo. Vio también a Barak regateando tiempo y los dólares para comprarlo con un cuervo sobre su hombro izquierdo y un buitre en el derecho deseosos de lanzarse a carroñear tesoros energéticos entre las vísceras bien fondonas de quien a tanto y tanto alimentó. También estaban allí colándose descaradamente media docena larga de amos opresores de otros tantos países árabes mercadeando tiempo preventivo con las ajadas maletas para los sobornos colgándoles de las mantecas. ´

Psicóticos y paranoicos comprando tiempo desquiciadamente para luego volver a engañar diciendo que lo habían ganado. Y frente a ellos, decenas de miles de vendedores de tiempo, cientos de miles de hartos ya de estar hartos que si algo tenían de sobra era tiempo, millones de personas que después de muchísimo tiempo soportando el tiempo y los tiempos habían pasado a controlar el tiempo y los tiempos.

Mahmud fue feliz y feliz lo contó a todos cuantos quisieron escucharle. Entre ellos uno de nuestro tiempo y espacio que mientras escuchaba preso de la emoción jugueteaba con los tiempos de aquí viendo a unos emboinados anclados en el tiempo que ellos ensangrentaron a tiros y bombazos queriendo comprar desesperadamente tiempo electoral para después mendigar tiempo vital; a uno comprando el tiempo que casi daba igual el que fuera para con él intentar desviar el cauce de las bravas y caudalosas encuestas que como setas empezaron a brotar sin cesar con los huracanes económicos; o a otro que completamente borracho de sí mismo no paraba de regalar tiempo y tiempos que no eran suyos para así poder satisfacer la obsesión de que su tiempo era ya y ya y más ya y nadie se lo iba a volver a robar.

El zoco del tiempo está en máxima e imparable ebullición. El bazar de los instantes y los momentos abre las 24 horas de lunes a domingo.

A cuidarse!!!…