Perder el sitio
Charolito anda preocupado. El cornalón que recibió José Tomás este pasado fin de semana en esa bonita ciudad mexicana a cuyos habitantes se les conoce como hidrocálidos, podría hacerle perder el sitio. Charolito cree que no porque el sitio de Tomás es inalcanzable, y porque conoce a Tomás y sabe que cuando vuelva a torear y se produzca el ceñidísimo embroque con la muerte ganará el torero porque a quien lleva toreando Tomás hace muchos años es a la muerte a la que desprecia y chulea al punto de llegar a causar rechazo entre sus partidarios que lo quieren es verle torear y no burlar a la puta dama de la guadaña.
Charolito se enfrasca en esas reflexiones sin fin y pone tal empeño en ello que deja que el sitio tome vuelo por si mismo y empiece a enredar armando infinitas teorías…
El sitio. Hay quien lo tiene y lo pierde. Hay quien lo tuvo y se lo fumó. Hay quien lo tuvo y se lo cambiaron para al final robárselo y pegarle el cambiazo. Hay quien se cree que lo tiene porque una vez lo tuvo y no se da cuenta que no hay dos sitios iguales con lo que al final ni lo tiene ni lo tuvo ni lo tendrá. Hay quien lo toma al asalto creyendo que lo merece y se enroca y atrinchera en él despreciando hasta la más mínima reflexión sobre si le podría venir grande o sobre si la cagó y debe abandonarlo porque ni es suyo ni lo merece. Hay incluso quien se pone chulo cual torero aunque no pase de mayoral y atrapado en un infantil arrebato proclama una y cien veces que el sitio es suyo y que si hay quienes lo quieren que vengan de uno en uno vengan de donde vengan. Hay hasta quien lo usurpa creyéndose que el sitio es él (o ella) y se amuralla ahí poseid@ por una gilipollez de tal calibre (soberbia hay quien lo llama) que ni cuenta se da que la muralla es murallita de papelillo autocombustible.
El sitio. Los toreros lo pierden cuando reciben una terrible cornada porque cuando intenten volver a ponerse en ese sitio ven una y mil veces a la muerte que en ese sitio les esperó y casi se los lleva. No es imposible recuperarlo pero hay que ser muy especial para conseguirlo y son muy pocos los que lo lograron.
El que tiene la moneda, la cambia. El que tiene el sitio, aunque lo pierda o se lo pierdan, también terminará cambiándolo. Los que lo tienen jodido, muy jodido, son los que no saben lo que es el sitio, ni dónde está el sitio, ni qué se hace en el sitio,…ni siquiera para qué sirve eso. Podrán asaltarlo pero nunca jamás será el sitio.
A cuidarse!!!




