San Fin de Semana. Rindamos pleitesía al santo como sólo él se merece: deshonrándole, exprimiéndole, …a degüello… ¡nos lo hemos currado!
Además, hemos recuperado el control sobre los controladores aéreos. ¡Bien! Y les tiemblan las canillas. ¡Bien! Y se les acabó el chollo… casi del todo. ¡Bien!
Y, además: “no se abaratará el despido”. Léase poniendo entonación ”compromiso”.
Todavía un además: el tribunal de cuentas investiga a Ásnar por haberse querido comprar con el dinero de todos la medalla del congreso americano. ¡¡¡¡Bien!!!!
El que no se consuela es porque no quiere. Y el finde es sagrado.
Cuando Charolito despertó, el dinosaurio ya no estaba allí. En su lugar había una nota que decía: “me he ido al desayuno de oración a una cola de paro. Me he ido despacito porque…: será por tiempo y será por prisas. ¡Pa qué correr si es lo que hacen los unos y los otros y total pa ná!”.
¡Las prisas!… ¡Qué traidoras son! Dicen que sólo corren los ladrones y los malos toreros, y (aparentemente) no es el caso…, aunque son muchos los que corren. Unos por ejemplo sacan la ametralladora de propuestas y planes y la ponen a velocidad máxima tan deprisa tan deprisa que en vez de cargar balas trazadoras e inteligentes ponen balas bumerang…, y así les pasa. Los otros se atropellan a sí mismos al grito de “joputa el último” y se lían a hablar tan deprisa y tan rápido que no se les entiende porque es lo que quiere pero además porque se les atropellan las peticiones de dimisiones, de comparecencias, de adelantos electorales, de mociones de censura, de (… ¡aaagh!…) criticas incesantes que disparan por tierra, mar y aire totalmente poseídos por el “no a todo” de su vieja amiga tamaya.
Las prisas, las putas prisas. ¡Está la cosa como para hacerlo rapidillo en lugar de bien! Es como un equipo de cirujanos operando a toda pastilla a un enfermo tan enfermo que está crítico aunque todavía no a punto de morir (pero casi). Van los tipos y anfetamínicos que te cagas y pegando bandazos empiezan a meter bisturíes, pinzas, espátulas y tijeras sin ton ni son. Sacan una tripa convencidos de que el mal está atajado y al instante tienen que devolverla a su sitio porque no han acertado sino provocado una sangría del carajo… Extraen otro órgano, y lo mismo: a introducirlo de nuevo rápido rápido porque si no el enfermo la palma seguro… Idean otra estratagema deprisa deprisa y como de tan rápido que piensan se les oye pensar pues según les llega a los labios la empiezan a decir marcha atrás y se la tragan no sea que… Un cuadro vamos, pero eso sí, pintado a toda hostia. Y el enfermo, bien jodido, clamando a voz en grito (con las prisas se olvidaron anestesiarle): “no he quedado con nadie así que por favor menos velocidad y más cabeza, no me curen rápido y a saber cómo, sino bien aunque se tarde un poco”. Eso a gritos, y claro, semejantes alaridos (no de dolor sino de acojone) son escuchados por otro grupo de cirujanos que pasaba por allí. También a mil por hora entran al quirófano pero no para ayudar y sí para berrear comiéndose un güevo de palabras: “nosotros sabemos cómo hacerlo mejor pero que no vamos a ayudar. Se os muere seguro. No tenéis ni puta idea. Márchense todos YA y déjennos a nosotros. Se os muere seguro. Sabemos qué hay que hacer pero ni os lo vamos a decir a vosotros ni a nadie hasta que no nos dejéis a nosotros. Se os muere seguro y no os vamos a ayudar. Se os muere seguro. Marchaos cuanto antes que sois lo peor, y nosotros, que sabemos pero ni decimos ni hacemos, …nosotros somos la solución y la salvación”.
Lamentable. Así nos va.
Y Charolito, a todo esto, por las calles buscando al dinosaurio que marchó antes del amanecer a un desayuno de oración en una cola del paro, una cola -ya saben- hiper-mega-kilométrica. Tanto tanto que es el único lugar donde hay gente en una ciudad de casi 4.000.000 de (habitantes) parados (Madrid, pongamos). Todos parados. Y todos consumiendo el brebaje que la autoridad repartió a cisternas para evitar la revolución: sosegón del bueno, sosegón puro, sin cortar.
Moraleja: que nos dejen tranquilos a todos y que nos apañen el desaguisado que han montado los unos para disfrute de los otros (¿o los otros para disfrute de los unos?). Gentes, estas sí, que son quienes deberían inyectarse en la misma femoral las cisternas de sosegón. Menos prisas y más sensatez, menos vaivenes y más humildad, menos besarse a sí mismos y menos ansias y más cordura y reflexión. No nos curen deprisa, cúrennos.
¿Por qué ya no quieres venir? ¿Sabes que nos dejas compuestos y sin novio? ¡¡¡Con la de toneladas de fotos que habíamos vendido ya!!!… ¿Qué hacemos ahora con los kilos y kilos de planes que te habíamos preparado (contigo los planes también se venden al peso)? ¿Es que no te preocupa dinamitar una profecía galáctica?, ¿eres consciente de los riesgos que conlleva cancelar augurios y vaticinios? ¿Y dónde nos metemos ahora las ilusiones que nos habíamos hecho? ¿No te da al menos un poquitín de pena, un poquitín no más, las consecuencias para nosotros de no ser ungidos por tu presencia y tu sapiencia?
Recapacita, plis… Te necesitamos… Y a ti te vendría de perlas. ¡Esos huevos rotos de Lucio! ¡Ese paseíto por Torres Bermejas! ¡El cafelito en el Gijón! ¡Los cócteles de Chicote! ¡Ese encuentro impagable con Aguirre y Gallardón!
¿Por qué nos haces esto Obama? Si te habíamos garantizado que no te recordaríamos que ibas a haber fulminado Guantánamo y no lo has hecho. Si te habíamos prometido que no habría reediciones del “no a la guerra” ni por lo de Irak ni por lo de Afganistán. Si te habíamos jurado que ni siquiera se mencionaría lo de Massachusetts, ni tampoco el fiasco climático de Copenhague… Si hasta habíamos comprometido nuestro honor al asegurarte que bajo ningún concepto se reeditaría aquella canción que decía “americanos, vienen a España gordos y sanos; viva el tronío de ese gran pueblo con poderío… Os recibimos americanos con alegría, olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía…”.
Obama, recapacita. Ven. No nos hagas esto, no nos obligues a tener que pasarte las facturas de las toneladas de fotos vendidas ya. Obama, ¡ven!… Que nos va a dar un soponcio, hombre de dios…
A cuidarse!!!
PD1: diabólica coincidencia sobre el retraso de la edad de jubilación. El PP dice que acepta prolongar la edad de jubilación sólo de forma voluntaria, y eso mismo (muy muy parecido) se lo he escuchado a un antiguo alcalde que aspira a puestos mayores. No se trata de averiguar si fue antes el huevo o la gallina, lo inconcebible es que quepa la misma reflexión en dos ámbitos tan (teóricamente) opuestos.
PD2: manda güevos Ásnar… El ahora desbigotado dice de ZP que “nadie hizo tanto daño en menos tiempo”. Lo dice él…: el grumete del Prestige; el polizón de las Azores; el recluta novato de Bush en Irak; el Plinio de tres al cuarto de cuando el 11-M… ¡Venga coño!
Descriptiva frase que usaban acertada y cariñosamente las abuelas, y que este fin de semana fue travestida en titular para Nanin por ese jornalero de titulares ingeniosos cuyo apellido recuerda un plan de belleza en siete días. “Zapatero hace anuncios a tontas y a locas”, dijo el registrador de la propiedad sin percatarse de que en realidad estaba definiéndose a sí mismo y a su forma de des-gobernar su partido. Y es que él, efectivamente, hace las cosas (cuando las hace) de forma desbaratada y sin orden ni concierto, y dirige (¿dirige?) a sus huestes de forma desbarata y sin orden ni concierto.
Es como el ciclista que encara la rampa al empinado puerto echando el bofe, sin más estrategia que repetir cansinamente que “el otro” es muchísimo peor, sin capacidad de plantear escaramuzas, y arropado por un equipo donde cada cual va a su aire: cruzándose sin ton ni son en la trayectoria del maillot azul a ver si tropieza, sacándose la cadena unos a otros cuando no pinchándose las ruedas, negándose el bidón del agua o escupiendo dentro antes de pasárselo, mangándose las provisiones en cada control de avituallamiento, atacando a su aire sin más objetivo que acentuar la patosería del líder a ver si se despeña de una puta vez por todas… Unos ciclistas que bajo las culottes esconden dagas, puñales, puntillas y descabellos. Una pandilla (que no equipo) donde nadie hace caso a nadie, salvo de boquilla y para la foto; donde todos se sienten más listos y fuertes que el amo; donde ninguno de fía de ninguno (ni siquiera de sí mismos) y todos se espían los unos a los otros (incluso a sí mismos)… Una camarilla donde campan a sus anchas los Hermanos Macana y los Golfos Apandadores sin que el cabecilla (paladín del “depende”) haga nada de nada de nada preso de la incapacidad y esclavo de la vagancia… Una caterva (tropa le gusta más al líder, ¿li…qué?) cuya ideología se ha convertido en un monumental agujero negro atestado de agujeros negros, al punto de criticar por criticar y criticarlo todo sin orden ni concierto y de forma desbaratada: a tontas y a locas. Una chusma en definitiva cuya única aspiración no es en absoluto ganar la etapa sino aguardar a que los otros la pierdan: bien porque se estrellen, bien porque se pierdan, o bien porque se agoten extenuados al mismo borde de la caducidad.
…Un recuerdo que me viene a las yemas de los dedos para completar el panorama en todo su “espectro”…, para completar el elenco de protagonistas de la ascensión al “col du duel politique”… El de aquel chiste “biciclístico” que decía: “mira mamá sin pies…; mira mamá sin manos…; mida mamá zin dientez”…
¡¡¡Noticia urgente de última hora!!! Según ha sabido Charolito en rigurosa exclusiva, acaba de hacerse una oferta (planetariamente) estratosférica para contratar indefinidamente y a tiempo completo a Anton Chigurh.
Charolito está que echa las muelas. Charolito suda cabreo concentrado. Escucha en la radio (¡como todos, incluidos los agentes sociales!) que se quiere retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años, y, al momento, y de manera irremediable, clama a voz en grito: “¡¡¡me corto las venas o me las dejo largas!!!”.
Charolito, más currado que el azadón del tío Salustiano, se siente estafado y por ahí sí que no pasa. Entiende y defiende, siempre lo hará, que lo lógico sería justamente lo contrario: rejuvenecer el mercado laboral, llenarlo de energía joven en vez de atestarlo de casi septuagenarios tan hinchados de experiencia como laboralemente desgastados. Charolito no da crédito. Él cree, y lo peleará con quien le pongan por delante, que adelantar la edad de jubilación permitiría que los que ya cumplieron sus misiones puedan poder disfrutar de lo que les quede de vida sin garrota ni pañales, dando paso al torrente de joven energía laboral que tanto se ha preparado y que tantas ganas tiene de dejar de comerse los mocos en aulas, bibliotecas, oficinas del Inem, o en ese territorio del “menos que mileurista”. Charolito está convencido de que sólo hay futuro en los que lo atesoran y no en quienes ya casi lo gastaron del todo.
Charolito está que echa las muelas. Pudiera llegar a entender que alargar el tiempo de vida laboral supone un monumental ahorro al estado, pero le parece una injusticia sideral porque él (y millones más) han ido pagando religiosamente al estado para poder tener una pensión con la que disfrutar (DISFRUTAR) sus últimos años, y si ahora le reducen esos años lo que le están recortando es su más que ganado derecho al disfrute. Charolito sí estaría de acuerdo con la medida si le devolviesen todo el pastizal que ha ido dando (quisiera o no) para una vez devuelto o bien guardarlo bajo el colchón y poder administrarse él mismo su pensión, o bien para invertirlo en algún fondo privado (¡¡¿¿privad0??!! Vade retro).
Charolito empieza a sentirse traicionado por el estado, y, como a eso se suma la sensación de estar a punto de convertirse en estafado sí o sí, grita con todas sus fuerzas: “por ahí no paso”.
Charolito, que sigue estando que echa las muelas, se está poniendo muy triste. Siente que el estado del bienestar puede estar a punto de ser aniquilado, y que tantos años de lucha para acumular conquistas sociales pueden ser tirados al retrete con la coartada de la crisis.
Charolito roza el llanto preso de la impotencia, y entre los sollozos que empiezan a apoderarse de su alma, exige que si el estado necesita pasta, que la necesita y a espuertas, meta mano de verdad a las indecentes SICAV, y atornille fiscalmente (también de verdad) a los que más tienen, a quienes por cierto se la pela que se retrase la edad de jubilación porque han amasado pasta de sobra para jubilarse cuando quieran.
Charolito es ya un clamor y al tiempo un torrente de furia volcánica: tendrá que currar más tiempo y sus nietos en el puto paro; cobrará menos pensión a pesar de que puso pasta a manta para tener una jubilación más que decente (o cuando menos decentilla); no tendrá el tiempo que se merece y se ganó para disfrutar de lo que fue invirtiendo (forzosamente, ¿o ilusoriamente?) de cada nómina; le roban, además, su contribución abnegada para tener un moderno estado del bienestar; y empiezan a fusilarle las conquistas sociales por las que tanto luchó.
Charolito, entre la depresión y la ira, intenta espantar como puede malas intenciones de todo tipo y condición como asetear “sicav-istas”, crucificar banqueros, o banderillear políticos. Lo intenta pero le cuesta muchísimo porque mientras pretenden que él y muchísimos como él se mueran trabajando en el trabajo, acaba de oir en la radio que hay casi 4,5 millones de parados y cerca de 1,3 millones de hogares con todos sus miembros en el paro.
Charolito es ya bestia indómita a punto de echarse al monte: toda la vida defendiendo que hay que trabajar para vivir y ahora resulta que quieren imponerle (imponernos) que hay que vivir para trabajar hasta practicamente morir en ello.
Charolito, en este punto, encadena sin cesar una ristra kilométrica de “in’s”: in-aceptable, in-decente, in-tolerable, in-justo, im-presentable, in…
Montó Feijóo la de dios es cristo en la campaña electoral gallega dando estopa un día sí y otro también con “el audi de Touriño” (y callando que su pater M.F.Iribarne compró un cochazo=un dineral sólo para llevar a un familiar al cole), y ahora va Feijóo y se desparrama, se desmelena, se descoca, y se descoliflora de todos (gallegos y no gallegos) comprando 347 coches por el módico precio de 6,3 millones (que hablando en dinero son ¡¡¡¡1.048.231.800 de pts!!!!).
Impresionante morrazo el del gachó que no contento con el pastizal invertido en su escuderia, sin especificar si son Citroen como prometió, resulta que tiene muertos de risa y comidos por el polvo y el abandono los 17 “audis” que heredó de la etapa anterior, aunque los compró Iribarne, y que sor citroen declaró proscritos al minuto exacto de ganar las elecciones.
Sí que es cierto que la mayoría de los coches comprados en los últimos nueve meses (¿el parto múltiple del carricoche?) son para distintos departamentos del gobierno galego, pero no es menos cierto que entre la manada de flamantes vehículos hay nueve (otra vez el parto del carricoche) para los miembros (sus troncos) del gobierno que Feijóo preside, y que entre los susodichos autos hay “berlinas de clase superior con asientos de cuero y 240 caballos de potencia”. ¡¡¡Alegría!!!
Quien se llamó Job ha querido ejercer de Salomón pero se ha quedado en pusilánime justiciero (Charles Bronson en panoli). Sancionar con la misma pena a Cobo y a Costa es impresentable y es negligente. Suspender un año de militancia a los dos es cobarde e irracional.
A Cobo se le manda un año al limbo por decir la verdad; a Costa se le manda un año al limbo por mentir. A Cobo se le manda un año a galeras por denunciar las delictivas barbaridades cometidas por sus compañeros de partido. A Costa se le manda un año a galeras por trasegarse delictivamente (sí, pondré presuntamente) un pastizal de su partido y de sus compañeros. A Cobo se le condena un año aún sabiendo que siempre y en todo momento ha sido fiel y leal a su jefe supremo. A Costa se le condena un año sabiendo que siempre y en todo momento ha querido enrocarse en sí mismo contra su jefe supremo poniéndole de paso de vuelta y media. A Cobo se le expulsa durante un año y a quienes le espiaron no se les toca un pelo. A Costa se le expulsa durante un año y a quienes cooperaron con él (sí, diré presuntamente) en el saqueo (paquito, la boticaria, el catódico, y demás calaña) no se les toca un pelo.
Así es como imparte justicia don alamerde: ha querido hacer de Salomón pero le ha salido Charles Bronson (en panoli), y se iba a haber vestido de túnica y chaqueta fantasía pero le ha salido camisola azul con correajes. Como diría mi agüela: ”que dios nos pille confesaos”.
A cuidarse!!!
PD: me llama Eastwood para decirme que va a rodar un par de nuevas pelis: “El precio de la verdad” y “Me lo llevo… de rositas”.
“Hoy hace un día excelente, verás como viene alguno y lo jode”.
Enfrascado estaba el personal con la basura nuclear, los inmigrantes y el padrón, el último populismo de la cadena perpetua, o el brazo de C.Ronaldo, cuando de pronto apareció el FMI para no ya ponernos los pies en el suelo sino para estamparnos contra el suelo. Dicen los sabios “efemeieros” que cuando el mundo empiece a salir de la crisis nosotros seguiremos en crisis; que cuando todos crezcan entre poco y regular nosotros continuaremos en caída (no libre pero casi); que otros ya cumplieron sus penitencias mientras que nosotros seguiremos pagando el pecado inmobiliario; y que cuando allí y allá se empiece a crear empleo aqui continuaremos intentando hacer un torniquete en la sangría del paro. A caer de un burro nos ponen y aunque lo mismo exageren, lo cierto es que razón no les falta, porque no es menos cierto que cada cual tiene lo que se merece.
Hicimos mucho mal y no terminamos de saber cómo apañarlo, y, por más que se quiera pintar de verde, la realidad es tozuda y a cada poco es reafirmada en su tozudez tanto desde dentro como desde fuera. Felipe “el grande” acaba de subrayarlo: “salir de la crisis va a costar. Oigo que lo peor ya pasó pero no es cierto”. Y los del FMI lo han rubricado provocando con sus diagnósticos una rebelión de datos para ilustrar la realidad: “la economía española es y va a seguir siendo la única en recesión dentro del G-20. Este mismo año el crecimiento será del -0,6%”.
Jodidos pues seguiremos estando, y siendo muchos los riesgos que corremos hay uno que pretenden imponer y que es el más letal: la resignación. Contra ella es contra lo primero que hay que rebelarse de verdad porque inaceptable es que digan los del FMI que urge una flexibilidad salarial sin especificar a continuación si será (que será) con los mileuristas que son la mayoría o con los de salarios estratosféricos (que no será). Contra eso, rebelión. Si no seguirán campando a sus anchas personajes que dicen que los empresarios son la solución y no el problema, una frase del ínclito y requetesospechoso GDF famoso en el mundo entero por los desaguisados de alguna de sus empresas.
En resumen, lo dicho: los datos económicos han vuelto a rebelarse para retratar la realidad (verdes las han segado), alentados por los estupendísimamente remunerados sabios del FMI. “Hace un día excelente, verás como viene alguno y lo jode”.
¡Que levante la mano quien quiera tener un vertedero en casa!… Ni una veo…, bueno sí: la de un tal Diógenes, pero ese no cuenta.
Es obvio y evidente que nadie quiere un basural ni en casa ni cerca, y por eso resulta surrealista (como poco) que algunos ayuntamientos reclamen tenerlo pero no en la casa del alcalde y sí junto a las casas de todos los vecinos. Lo de Yebra ya consumado, y lo Ascó por consumarse, no tiene ni pies ni cabeza: es pan para hoy y hambre para mañana. Y lo saben. ¿Por qué ese afán entonces? No encuentro respuesta ni mucho menos explicación. Tener en tu entorno un almacén de residuos nucleares (una gigantesca bomba atómica) no tiene de positivo ni los euros que anualmente se den a puñaos a esos municipios. Ascó no lo conozco pero Yebra sí, y desde la más pulcra objetividad sería capaz de relatar un sinfín de necesidades más necesarias que ese cementerio atómico. Pudiera ser que envidien a los pueblos del entorno de la central de Zorita que durante años fueron anegados de millones a cambio de tener tantísimo peligro mortal a la puerta de casa. En ninguno de esos lugares olía a temor porque a lo que olía era a dinero a espuertas, y sólo el tiempo dirá si mereció la pena poner en riesgo la salud de todos a cambio de pasta (en teoría para todos). Conocí a un tipo grande como un castillo y más sano que un roble que fue contratado para trabajar en la recarga del reactor de Zorita. Trabajó en esa misión exactamente dos minutos porque en tan sólo unos segundos su cuerpo se abarrotó de contaminación. Nunca volvió a ser el mismo: se fue pudriendo poco a poco como una fruta, encogiéndose día a día, entristeciéndose sin quererlo, apagándose hasta la muerte. Sí es cierto que ganó pasta (mucha) por no hacer nada, pero él (y quienes le conocimos) fue totalmente consciente de que había sido pan para hoy y hambre para mañana.
Y si respuestas no encuentro para la cuestión de porqué un pueblo reclama un cementerio nuclear, exactamente lo mismo sucede con la pregunta: ¿qué hacer con esa basura? A los expertos no les escucho dar razones de peso y convincentes, mientras que un dato ilustra a la perfección el altísimo riesgo de esos residuos: en Francia donde hay almacenes/empresas que se dedican a trasegar esa mierda, cobran al día por hacerlo 60.000 euros (hablando en dinero 10.000.000 de pesetas al día). Con ese dato queda claro que la muerte tiene un precio, y también queda clarísimo que pagado ese precio llegará la muerte.
Dos últimos apuntes: Barreda y Montilla se rebelan contra la decisión del gobierno y lo que yo me pregunto es si más allá del pánico electoral que empieza a infectarles no estarán “ajustando cuentas” al ministro Sebastián (buen amigo) al que envidian más que temen por su carrera política basada más en la preparación y la lealtad que en el sectarismo orgánico. Y dos: ¿qué tal si se les encomienda la gestión de esa basura atómica a esos abnegados trabajadores mileuristas que son los controladores, que ya avisan con joder las vacaciones de semana santa?